sábado, 24 de marzo de 2012

Las oraciones personales que escribió José Antonio antes de morir

 

Carmelo López-Arias / ReL

José María Zavala publica, por primera vez y fotografiado, el cuaderno espiritual que le acompañó al paredón.

Como complemento a las sucesivas ediciones de su obra La pasión de José Antonio, la editorial Plaza & Janés acaba de publicar un impactante libro-documento de José María Zavala titulado La maleta de José Antonio. En él se fotografían los diversos objetos que contenía la maleta de piel de vaca donde José Antonio Primo de Riveraconservó sus efectos personales desde su detención en marzo de 1936, tras el triunfo del Frente Popular, hasta su fusilamiento el 20 de noviembre de ese mismo año en la prisión de Alicante.

Entre esos objetos destaca un cuaderno cuadriculado de bolsillo que él tituló Librito de Oraciones. Año 1936, donde de su puño y letra fue escribiendo diversas preces como recordatorio para su meditación espiritual.

Algunas de ellas, como las que anota Para el final del Santo Rosario, son las habituales de los devocionarios publicados, que copió de memoriaprobablemente porque no tuvo uno a mano.

Pero junto a esas hay jaculatorias e intenciones que revelan sus convicciones más íntimas en las semanas previas a su asesinato: a San José pidiéndole una buena muerte, al ángel de la guarda y “al santo bendito de nuestro nombre”, por “la conversión de pecadores, infieles y herejes a nuestra Santa Religión”, por los enfermos y agonizantes, por el alma de los familiares difuntos o “por las almas del purgatorio en general”.

Tras los actos de fe, esperanza y caridad hacia la Santísima Trinidad, escritos a lápiz, figuran unas jaculatorias muy personales:

“- Jesús Crucificado, perdón para España.

- Jesús Crucificado, perdón para tus perseguidores.

- Jesús Crucificado, ocupa todo mi corazón.

- Jesús Crucificado, hacerme mortificado y penitente.

- Jesús Crucificado, darme verdadero dolor de mis pecados y salvar a España”.

Y añade: “Cruzada de reparación y honor al Santo Crucifijo. Hágase a diario”.

El cuaderno se remata con un “ofrecimiento al Señor”: “Estas oraciones para pedir el triunfo de la Religión y la confusión de sus enemigos y la unión de todos los católicos”.

domingo, 26 de febrero de 2012

SIGNIFICADO DE LAS FLECHAS Y EL YUGO




— No sé lo que hay detrás de esa camisa ni entiendo lo que significan las flechas y el yugo. Pero debe ser algo muy grande, cuando se le convierte en sonrisa la mueca de dolor a un pobre muerto.

— Muy grande, sí —contestó Víctor, aprovechando la ocasión para abrir uno de los frecuentes arrebatos de su temperamento apasionado—. Significa nada menos que el obrero educado en el odio, ha muerto en el amor. Que ha entendido toda la angustia, que no es angustia sólo de problema económico, sino también —y quizá más— de problema sentimental. Que ha sabido leer en el cielo y el idioma todo el destino único y maravilloso de la Patria, que no es sólo la redención económica del pobre, sino la aspiración de Imperio de todos. Significa que él y yo, distantes en la vida por mundos de prejuicios y siglos de lucha, nos hemos encontrado corazón a corazón, en una encrucijada, para vivir esta camaradería nueva en la Vida y en la Muerte. Él, obrero; yo, señorito estudiante; él, instrumento manual de la Historia y el progreso; yo, camino intelectual de ese mismo progreso y esa misma Historia, hemos borrado por nuestra voluntad todo un falso mundo de lucha de clases o espíritu de castas que nos separaba. Eso significa que Ud. acaba de perder un hijo, y de ganar otro, que llevará a su casa alientos de otro mundo para fundirlos con los del suyo. Yo he bebido con Enrique las preocupaciones de los obreros, y él ha sentido a mi lado la inquietud de los intelectuales.

Él me proyectaba hacia un universo de máquinas y angustias sociales —que yo por nacimiento desconocía—, y yo le llevaba como de la mano a otro universo de sueños y quimeras que, a su vez, ignoraba. Si yo he ido con él al taller, al horno, a la fragua, a la caldera, a todo ese infierno rojo donde vive el obrero y he sudado el mismo sudor que ellos sudan, él ha venido conmigo al Museo, a la Música, a la Historia y al Verso, a todo ese paraíso donde vive el intelectual y ha gozado el mismo goce que ellos gozan. Esa camisa azul nos ha igualado en goce y en dolor, y nos ha hecho ver a los dos la vida con los dos ojos abiertos y ansiosos, no a medias como antes, mientras él ignoraba nuestro goce angustiado y yo su angustia gozosa. Esta camisa nos igualaba en el servicio a España y en el sacrificio. Él, más afortunado, por llevarla, ha muerto en estado de gracia: sin odios ni rencores. Esa camisa es y será en España como un viento ligero que borre las tormentas. Ni clases ni odios, ni parias ni privilegios. Representa esa cosa tan sencilla y tan difícil a la vez: una Humanidad con camisa limpia que ponerse, frente a esta sociedad absurda donde algunos pocos tienen camisas de seda y de sport y de etiqueta, mientras los más no tienen camisa que ponerse. Una sociedad en que los de la camisa bien planchada se apartan del que va en camiseta sucia para no mancharse, en vez de darle —no una de sus camisas, que sería limosna y no se trata de eso— ocasión de llevar una camisa. Contra esa sociedad van ustedes y vamos nosotros. Por distintos caminos, pero ustedes creen que esa sociedad es España y las confunden en su odio ciego, y nosotros sabemos que esa sociedad es una costra sobre la carne limpia de España —ríos que saltan, trigo que crece, agua que alumbra, madres que engendran, minas y bosques, viejas ciudades, catedrales, talleres, fábricas, Universidades y una Historia rota que reanudar—, costra que hay que arrancar para que pueda circular la sangre. Si ustedes los marxistas creen que es necesaria la violencia para arrancarla, a nosotros no nos asusta la violencia, que nos parece sagrada. Cueste lo que cueste cumpliremos nuestros juramentos, hechos bajo el viento de España y sobre cuerpos de España, de dar a cada español para cada día de su vida y de la vida de sus descendientes, Pan, Paria y Justicia, que es lo único que vale la pena de dar y de ofrecer al que padece hambre de pan y sed de justicia, y no le han enseñado a ver en la Patria más que a todo cuanto le niega el pan y le dificulta la justicia, cubriéndolo con una bandera que no puede respetar y tapando sus gritos de protesta con chinchines grotescos, invocaciones destempladas y nostalgias incoherentes para esos hambrientos y sedientos. Queremos el Imperio, pero construido con hombres libres, de voluntad imperial, no con esclavos famélicos y torturados. Concebimos el Imperio como la más gigantesca democracia: la voluntad de todos los españoles alzando el brazo para afirmar que quieren a España una, grande y libre. Sin candidaturas ni colegios electorales. Sin partidos ni coaliciones. España, una y sola, arma al brazo y velando a la luz de las estrellas. Para ello sólo tendremos dos instrumentos: Trabajo, miles de horas de trabajo cada uno, y Disciplina, que no es tiranía sino conciencia del deber y de la jerarquía. Y un solo pensamiento: España. Y una sola misión: España. Y una sola preocupación: España. Y una sola alegría: España. Y una sola ambición: España. Una España de todos y para todos, hecha por el esfuerzo —diferente de calidad y exacto de intensidad de todos—, tanto del rico como del pobre, que a todos impondremos al arco de luz de la verdad nacionalsindicalista. ¿Comprende lo que significa la camisa azul que lleva Enrique a la tumba?

— Empiezo a comprender, repuso el padre limpiándose dos lágrimas a lo popular, con el dorso de la mano.

Juan daba cabezadas en el rincón. Andrés, Manolo, Antonio y Pepe, no se movían en su centinela. Enrique parecía que sonreía más abiertamente, y por la ventana entreabierta al cielo de verano, un resplandor como de brasa de rosas anunciaba que en España empezaba a amanecer.


Felipe Ximénez de Sandoval

jueves, 26 de enero de 2012

LA BANDERA (1935): pelicula sobre LA LEGION



El mundo del cine se apoderó muy pronto del mito de la Legión Extranjera. Si muchas más películas hablan de la legión francesa, el "Tercio de Extranjeros" de los españoles interesó a los franceses. Durante los últimos meses del reino del Rey don Alfonso XIII, el famoso novelista francés Pierre MacOrlan (de su verdadero nombre Pierre Dumarchais) escribió un libro de casi 300 páginas, intitulado "La Bandera" (Ed. Gallimard -- Paris -- 1931) que presentaba a través de la historia del héroe, un parisiense llamado Pierre Gilieth, la manera de vivir y de servir de los legionarios perteneciendo al ejército español y sus luchas contra los que eran en aquellos tiempos "los rebeldes" marroquíes de la guerra del Rif, zona del norte de Marruecos, que los franceses y españoles tenían que pacificar.

sábado, 21 de enero de 2012

La gesta del lago Ilmen




Cómodamente instalado en Rastenburg, mientras sus tropas morían de frío combatiendo a los rusos, por falta de uniformidad adecuada, Hitler leía la documentación contenida en un gran paquete que el general español Agustín Muñoz Grandes, le había remitido.
Era el relato de lo que, para muchos, fue la última gran gesta del ejército español. Si la de los Últimos de Filipinas quedó casi olvidada, esta, fue literalmente enterrada. En los años posteriores a aquello, a nadie interesaba que se supiera que la "Blau Division" había formado parte de la Wehrmacht.
Patrullas rusas dotadas de esquís, raquetas y patines, atacaban frecuentemente y por sorpresa a los puestos de vigilancia y posiciones aisladas españolas a lo largo de la orilla del lago Ilmen. El general Muñoz Grandes, ordenó al teniente José Otero de Arce, la creación de una compañía de esquiadores con la misión de patrullar continuamente los bordes del lago en un frente de ocho kilómetros entre Babky y Spasspiskopez. Estamos en noviembre de 1941.
A principios de 1942, el frente no estaba delimitado cláramente y una unidad del ejército alemán con 543 hombres, al mando del capitán Pröhl, queda cercada en Wswad. El general Busch no dispone de un solo hombre, pero no se resiste a abandonar a aquellos alemanes que se encuentran atrapados, entonces piensa en la División Azul, y otro general, von Chappuis, que se distinguía por ignorar a los españoles, no tuvo más remedio que pedir ayuda a Muñoz Grandes.
La compañía de esquiadores española, recibe la misión de enlazar con las tropas alemanas cercadas, para ello habrá de atravesar en diagonal la helada superficie del lago.
Aún es de noche aquel 10 de enero, forman las tropas, el teniente Otero de Arce da la novedad al capitán José Manuel Ordás Rodríguez, que va a mandar la expedición.
Forman seis Secciones de la Compañía Divisionaria de Esquiadores 250, mandadas por los tenientes Vicente Castañer Enseñat, Antonio García Porta y Jacinto del Val, y los alféreces Germán Bernabéu del Amo, Joaquín García Lario y Alfonso López de Santiago. El personal de la Plana Mayor del teniente José Otero de Arce, jefe de la Compañía, compuesto de un sargento, tres cabos y doce soldados. A estas tropas se habían agregado tres tenientes, un sargento y tres soldados del Grupo de Exploración; los tenientes eran Bernardino Domínguez Díaz, jefe de la unidad, Pedro Sánchez Bejarano, médico, y el intérprete Constantino Alejandrovich, un ruso blanco que había combatido en La Legión durante la pasada guerra española y que había cruzado el Ilmen anteriormente en misiones de enlace, y los también intérpretes Willie Klein y Michael Schumacher, de la Wehrmacht. Otras fuerzas agregadas eran las del Batallón de Depósito 250: Un cabo y once soldados, y las del Grupo de Veterinaria: siete soldados. Más los dos sargentos, los dos cabos y los cinco soldados de la Plana Mayor de la 5.ª Compañía Divisionaria de Antitanques.
Los guías que señalaban la dirección de marcha, Miguel Piernavieja y Marcos García, comprueban que al llegar a la orilla del lago la temperatura es de 56º bajo cero.
Los 30 Km. que, en teoría, les separaban de su objetivo en línea recta, se convierten en un infierno helado.
Se ven obligados a rodear las inmensas grietas surgidas en la superficie helada del lago, además de otro sin fin de obstáculo. La nieve acumulada en los ventisqueros, hace que los caballos que tiraban de los trineos se hundan hasta los corvejones y los hombres hasta el vientre, dificultando la marcha.
En la mañana del día 11, tras 26 horas de caminata, llegan a la orilla del lago, pero descubren que los obstáculos les han desviado hasta Ustrika, 15 Km. al oeste de su destino.
El capitán Ordás informa a Muñoz Grandes: "Después de atravesar seis grandes barreras de hielo, grietas con agua a la cintura, hemos llegado a U... A causa del frí­o, Radio y brújulas averiadas. Tenemos 102 congelados, de ellos 18 graví­simos. En las simas del Lago hemos perdido algunos trineos"
Muñoz Grandes contesta: "Sé de vuestro esfuerzo durante penosí­sima marcha que habeis realizado. La guarnición alemana sigue defendiéndose valientemente y hay que socorrerla cueste lo que cueste aunque queden todos los nuestros sobre el hielo. Con los que te queden, con muy pocos, tu solo si es preciso, seguid adelante. O se les salva o se muere con ellos"
En los días sucesivos continúan su avance por la orilla del lago, tras conocer que 3.000 esquiadores siberianos cercan a los alemanes en Wswad. Siguen las penalidades tremendas y apoyados por 40 soldados letones de la 81ª División de Infanteria de la Wehrmacht. Sufren ataques de aviones, enfrentamientos con tropas rusas, incluso a la bayoneta, de tanques...
El 18 de enero de 1942, el cerco a la localidad de Wswad es total. La posición amiga más próxima está a doce kilómetros al Suroeste, y es la aldea de Maloye Utschno guarnecida por veintitrés soldados españoles y diecinueve letones, al mando de los alféreces Joaquín García Lario y Alfonso López de Santiago.
Los soldados Juan Muñoz Cassini y Fernando Martínez Laredo hacían guardia en el confín oriental de Maloye Utschno; en el occidental y metido en un pozo de tirador, vigilaba Julián Martín Fabián; en el meridional estaban el cabo Feliciano Cañedo Águilas y el soldado Manuel Sanchís Sánchez; en la zona septentrional se situaba el cabo Julio Mariño Barrios. El intérprete del destacamento español era el sargento Michael Schumacher. El termómetro ha descendido a 51º bajo cero durante la noche.
A las siete y cuarto de la mañana del 19 de enero se desató la ofensiva soviética contra la aldea y su exigua guarnición.
A las siete y media de la mañana Maloye Utschno ha dejado de existir como posición española.
Desde la guarnición de Pagost Ushin, se escucha el estruendo de la desigual batalla y una Sección al mando del teniente Otero de Arce sale en dirección a Maloye Utschno. Son las diez y media de la mañana y hay 52º grados negativos en el ambiente. La diminuta columna de exploración y rescate la forman ocho españoles seguidos de dos trineos y por detrás un Panzer alemán de 24 toneladas y dos Secciones alemanas de la 81.ª División.
Los esquiadores españoles han de contraatacar con lo que tienen la aldea de Maloye Utschno y socorrer a los compatriotas allí destacados. Los expedicionarios temen lo peor; dudan que alguien haya sobrevivido al ataque.
Los refuerzos alemanes se retrasan, como si no les venciera la prisa que empuja a los españoles que no esperan el reagrupamiento.
—¡Alto!
Unas sombras se mueven hacia los expedicionarios; parecen cuerpos tambaleándose.
—¡Alto! ¿Quién vive?
—¡Españoles! ¡Somos españoles!
Son cinco españoles y un letón; el número de supervivientes del ataque a la posición de Maloye Utschno.
A las 4'45 de la madrugada del 21 de enero, el teniente Otero de Arce, un sargento y cinco soldados, retomaron el camino del lago. A las 5'30 percibieron sonidos, voces, relinchos y crujir de pasos, y el teniente ordenó disparar las bengalas según la secuencia prevista. Al cabo, aunque pareció una eternidad, la secuencia de bengalas obtuvo respuesta, a su resplandor distinguieron los españoles las manchas difusas de una columna en marcha.
Oyen gritos en la oscuridad: "¡Kameraden! ¡Kameraden! ¡Kameraden! " Y relinchos y chirriar de patines.
Las siluetas de los soldados alemanes se perfilan en la plateada oscuridad, son muchos y vienen enfundados en gruesos capotes y blusones de camuflaje; detrás de la vanguardia se deslizan varios trineos.
El teniente Otero de Arce y el capitán Pröhl se estrechan la mano antes de abrazarse.
Los soldados alemanes abrazan a los españoles, que son pocos pero tremendamente animosos y que ahora los preceden, habiendo cumplido por fin la misión, camino de Pagost Ushin.
A pesar de los pocos efectivos que quedaban, el 24 de enero se presentan todos voluntarios para participar en la reconquista de las aldeas Maloye y Bolsloye, que ellos ya habí­an conquistado anteriormente, a pesar de las súplicas alemanas para que no tomaran parte en esas acciones, volviendo a sufrir más bajas. Cuando entraron en Maloye Utschno, los españoles descubren los cadáveres de algunos de los suyos (el alférez Joaquín García Lario, Juan Muñoz Cassini, Julio Mariño Barrios, el sargento intérprete Schumacher...) El termómetro señala 58º bajo cero; han dejado de funcionar los cerrojos de los fusiles.
Lo cierto es que a ellos Hitler les importaba tres narices; lo cierto es que estaban allí para luchar contra el comunismo de Stalin y lo cierto es que de los 206 soldados españoles, sólo volvieron 12, quedándose los 194 restantes enterrados en el hielo del lago Ilmen.
Por esta actuación la Compañí­a de Esquiadores recibiría la Medalla Militar colectiva y su jefe, el capitán Ordás, la individual. Los alemanes reconocieron el valor de los esquiadores españoles y les concedieron además 32 cruces de hierro.
Acciones como esta dan pie a creer que fuera cierta la frase atribuída a un general alemán: “Cuando veais a un soldado desaliñado, indisciplinado y sin afeitar, cuadraos. Es un héroe español"

domingo, 8 de enero de 2012

Poesía divisionaria




GLORIA, MUERTE…
Sobre tierra hostil de Rusia
pasos españoles recios.
Gloria y Muerte en el camino
Como un matrimonio eterno,
Van jalonando la ruta…
y detrás todo es silencio.
Blanca nieve, tumba blanca
Cruz sencilla, casco fiero
y unas banderas de España
locas de sol y de fuego
las largas noches de Rusia
temblando están los luceros.
¡Hay almas meridionales
guardándolas sin relevo!.
Blanca nieve, tumba blanca
Cruz sencilla, casco fiero…
Por los caminos de Rusia
pasos españoles recios.


Alférez Rodolfo Jimeno
Hoja de Campaña nº 24 (20-04-1942)