viernes, 18 de julio de 2014

LXXVIII ANIVERSARIO DEL GLORIOSO ALZAMIENTO NACIONAL



«Cara al sol con la camisa nueva
que tú bordaste en rojo ayer,
me hallará la muerte si me lleva
y no te vuelvo a ver.
Formaré junto a mis compañeros
que hacen guardia sobre los luceros,
impasible el ademán,
y están presentes en nuestro afán.
Si te dicen que caí,
me fui al puesto que tengo allí.

Volverán banderas victoriosas
al paso alegre de la paz
y traerán prendidas cinco rosas:
las flechas de mi haz.

Volverá a reír la primavera,
que por cielo, tierra y mar se espera.

Arriba escuadras a vencer
que en España empieza a amanecer».



martes, 28 de enero de 2014

Formaré junto a mis compañeros que hacen guardia sobre los luceros...





Nos ha dejado, pero no se ha ido. Él ha sido el Jefe, el Camarada y el amigo... el hombre que ha ostentado hasta hoy los tres luceros de la capitanía instituida por José Antonio. Nos deja con su vida una lección de amor a España. Hoy ya está en esos luceros en los que muchas veces buscamos fuerzas para continuar. Sólo puedo rezar, mirar hacia lo alto y lanzar un fortísimo ¡Blas Piñar! Presente.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

20-N:GRACIAS, CAUDILLO

Viene siendo norma de conducta durante toda la transición y ahora también, desde varios sectores nacionalistas españoles (en la actualidad, por unas u otras razones, prácticamente todos) pasar de largo cuando no denostar públicamente la figura del Caudillo con el único objetivo real, en mi opinión, de recibir la palmadita del enemigo político. Durante la transición se esgrimieron razones de pureza ideológica. Hoy además, en gran medida por los mismos -nuestros sectores más extremistas y radicales-, se esgrimen razones de eficacia política en nombre de la que, por cierto, ahora se olvida un mínimo, ya no de pureza, sino de coherencia y lealtad ideológica.


Si Franco hubiera sido guapo, alto y de voz recia, sin duda, hubiera sido un héroe de película. Pero Franco era bajito, feo, de voz nada carismática y, con toda probabilidad esa frialdad de la que le acusan, o era una terrible timidez o una profunda decepción ante el género humano o ambas cosas a la vez. No. Franco no era un héroe de película. Franco fue un héroe real y así fue sentido por una enorme parte del pueblo español que convirtió su nombre en sinónimo de victoria y liberación porque liberación era lo que sentían millones de españoles cuando veían la entrada de las tropas del Caudillo en su ciudad y victorias fueron sus batallas. Pero no es de ese Franco, del Franco soldado, del que quiero hablar.

Hoy quiero hablar del Franco cifras y hechos. Del Franco que hizo la España moderna. Del Franco que cambió la vida del pueblo español.

Durante la II República, en España, morían unos 300 españoles de hambre al año. España era un país cuya economía, desde siglos, incluía la miseria de su pueblo hasta el hambre. Tras la Guerra Civil y hasta 1.947 en España hay españoles que se mueren de hambre. Tras siglos de españoles que se mueren de hambre en 1.948 en España ya nadie se muere de hambre.
La esperanza de vida de un español durante la II República es de 50 años. En 1.950 es de 62 años. En 1.975 es de 70 años. Con respecto a la mortalidad infantil en 1940 era de 125/1000; en 1.975 es de 18/1000 nacimientos.
Con respecto a la Renta per Cápita está pasa de 131$ en 1.940 a 2088$ en 1.975. Era el 80% de la media europea. No se volverá a alcanzar ese nivel hasta finales del siglo XX. En 1.975 el españolito medio gastaba en alimentación el 39% de su desembolso. En 1.945 se gastaba en alimentación el 65%. Eso significa que al español medio cada vez le quedaba más dinero para algo que no fuera su subsistencia.
El analfabetismo en 1.940 era del 29%. En 1.975 del 7%. En 1.995 del 6%.
Antes de la Guerra Civil la población penitenciaria española era de 32.000 presos. En 1.975 era de 16.000. España había crecido en 10 millones de habitantes durante el Régimen de Franco pero su población penitenciaria era la mitad que al final de la II República lo que supone la práctica inexistencia de una delincuencia obligada por las condiciones económicas.
En España, el sector agrario ocupaba al 50% de la población activa durante la II República. En 1.950 es el 20%. En el sector servicios y el sector industrial la población activa pasa del 18 al 40%: es la entrada de España en la modernidad.
En base a cientos de estadísticas sobre las distintas materias producidas por nuestra nación, España pasa, de ser un país sin industria, a ser la novena potencia industrial del mundo.
Y para que nos riamos todos de Franco y sus embalses conviene saber que a lo largo de la historia de España, hasta 1.939, se construyen 190 grandes presas. Durante el Régimen del Caudillo se construyen 515. No voy a entrar en datos apabullantes sobre kilómetros de carreteras, viviendas sociales construidas, camas hospitalarias o todo lo que fue el nacimiento de las coberturas sociales hasta la Ley de Seguridad Social de 1.963 a la que no se añadió una sola cobertura más hasta el siglo XXI. Tampoco hablaré de la evolución española en materia de educación: escuelas, institutos, universidades laborales, universidades…Simplemente, brutal.
Sí hablaré de emigración. En primer lugar, habremos de coincidir en que las famosas divisas de los emigrantes no se las enviaban a Franco, ni al Estado. Se las enviaban a sus familiares. Ciertamente la mejora en el nivel de vida de esos familiares revertía en una mejora para muchos españoles. Pero esto no es lo importante. Lo importante es que la emigración no nace con Franco sino que viene de siglos y es precisamente durante el Régimen de Caudillo cuando se crean las condiciones económicas para que la emigración de siglos concluya.

Todo este enorme bagaje es simplemente un bosquejo de la Obra del Caudillo. No sé si todo aquello fue suficientemente revolucionario en su apariencia. No sé si fue vestido de la parafernalia revolucionaria suficiente. No sé si para explicarlo se usaron las palabras revolucionarias adecuadas. Pero si sé que fue, a lo largo de la larga historia de nuestra nación, el periodo, el único periodo sin discusión, de la vida de nuestro pueblo en que este evolucionó en materia social y económica de forma absolutamente revolucionaria. Yo, como falangista, me siento orgulloso de aquella etapa, la considero netamente revolucionaria en sus logros y en sus hechos y me enorgullece aún más que se llevara a cabo bajo los principios morales, políticos y sociales de La Falange y del nacionalsindicalismo.

A fecha de hoy, y a pesar de lo que ha caído sobre la figura del Caudillo, Franco sigue siendo un héroe soldado y un héroe estadista para una buena parte del pueblo español que observa, supongo que perplejo, como nadie, ni los nacionalistas españoles si quiera, defienden su memoria públicamente y a veces hablan de Franco como de un simple personaje histórico como si Stalin o los Omeyas no lo fuesen también. Roma no paga traidores. España, en el fondo, es Roma. Así nos va.

Eduardo Arias, www.laredgualda.com

martes, 19 de noviembre de 2013

20-N:JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA, ¡¡PRESENTE!!


José Antonio era alto, guapo, moreno y con la mirada profunda que le confería el ser un jurista de primera calidad, condición aplicable a su carácter como persona. Ciertamente, pertenecía a eso que llamamos aristocracia. Pero jamás fue un aristócrata altivo y clasista. Fue un aristócrata sencillo, un aristócrata “popular”, entendiendo el término como un hombre rico que se preocupaba por las clases populares. En vez de dedicarse a derrochar su fortuna en orgiásticas experiencias o en holgazanear, decidió dedicarse por entero a España y a los españoles. En ello invirtió largas y pesadas horas, comiéndose la cabeza para encontrar la fórmula secreta que sedujera a esas clases españolas, proletariado, burguesía y aristocracia, en las que él depositaba las esperanzas para construir la España una, grande y libre que figuraba en la cosmovisión falangista.

En el preciso momento en que José Antonio miraba su reloj eran las tres de la madrugada del 20 de noviembre de 1936. En breves horas sería ejecutado. El sueño de ver a su amada España en lo más alto de la posición mundial se iba a desvanecer. Quizá algún día, allá desde el Cielo, podría ver resurgir a España. ¡Quién podía saberlo! Las fuerzas nacionales habían fracasado en Alicante, maldecía. ¿Por qué tenía que morir? Bueno, pensaba tras la dubitación, era muy lógico que, habiendo sido asesinados millares de falangistas y de derechistas durante el decurso de la guerra e incluso antes, cayera ahora él, que era el máximo dirigente de la fuerza nacional más importante: Falange.

Tomó la Biblia que había en la mesa de su celda, y abrió por una página al azar. Leyó: “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo” Hojeó más allá, y se encontró con la sentencia: “Padre, aparta de mí este cáliz”. José Antonio, que se había mostrado muy entero en la defensa que hizo de sí mismo y de su hermano, no pudo evitar que una lágrima empezara a recorrer su mejilla, y exclamó un poco en voz alta: “Señor, el fin para mí está cerca. Aparta de mí este cáliz. Por favor, no me abandones”. Se tumbó en la cama y comenzó a escribir en una arrugada hoja de papel: “Esto toca a su fin. En unas horas estaré ya junto a Dios y su Juicio. Los ángeles con espadas estarán esperando mi llegada. Me voy sin jactancia, porque nunca es alegre morir a mi edad, pero no espero que nadie incurra en dramatizaciones inútiles de mi muerte. Ahora mismo están luchando por los campos de España miles de falangistas dispuestos a dar su sangre por la España en la que creen y a la que yo les acerqué. Es normal, por lo tanto, que yo, que soy el líder de esos muchachos de corazón ardiente, dé mi sangre por esa España que yo traté de alcanzar en vida. Espero que las escuadras enteras de falangistas que añoran la España inmortal sirvan a su nuevo jefe, el general Francisco Franco, como lo hicieron conmigo. Mi muerte no debe significar el fin de nuestra lucha, pues mientras haya un solo falangista en España, nuestro ideal seguirá vivo y en pie. Tengo a mi lado un crucifijo que espero me ayude a superar el miedo que ahora me atenaza el corazón. Sé que habrá muchos camaradas, muchos amigos, muchos familiares que llorarán mi pérdida, pero sólo puedo decirles que no se preocupen, que en unos años (espero que muchos, porque ellos aún son útiles en el servicio de la Patria) nos veremos allá arriba, en comunión con el Altísimo que todo lo puede. Confío en que esta guerra, tan dolorosa, sirva para expulsar por fin del interior de España a los diablos marxistas y liberales, que son quienes nos han llevado a esta situación. Un abrazo para todos aquellos que pusieron su fe ciega en mí y hasta siempre, José Antonio”.

Ya eran las 5 y media. José Antonio sacó una foto de sus padres que tenía guardada en la maleta, y besándola con cariño, dijo en voz muy baja: “En breve nos veremos, papá. Por fin podré darte un beso, mamá. No sabes lo que he sufrido por tu ausencia”.

A continuación, guardó la foto y sacó una serie de cartas, que iban dirigidas a sus familiares y amigos. Las dejó sobre la mesa y las releyó despacio. Las volvió a guardar y las acompañó con una nota que ponía: “Dar a sus destinatarios”. Se peinó el poco pelo que aún perduraba en su cabeza, y volvió a recostarse sobre la cama. Rezó en silencio, en una oración que se prolongó una eternidad. Sabía que era la última vez que hablaría con Dios antes de verle. La hora había llegado.

La voz del carcelero retumbó por el pasillo donde se apiñaban las celdas:

José Antonio Primo de Rivera, vístase. Es la hora.

José Antonio se puso, en un silencio conmovedor, las zapatillas, y se echó uno de sus preciosos abrigos por encima. El carcelero, impaciente por llevar a cabo la ejecución y poder así echarse a dormir, le espetó:

Vamos, coño, que es para hoy.

La voz de José Antonio sonó serena para decir:

Como sólo se muere una vez, hay que morir con dignidad.

Una vez que se hubo vestido, José Antonio fue conducido ante la presencia de su hermano Miguel. José Antonio, con un brillo chispeante en sus ojos saltones, dijo:

Hola, Miguel.

Hola, Jose. Bueno, creo que ha llegado la hora de despedirnos.—le respondió con voz temblorosa Miguel.

Sí, creo que sí. Os quiero mucho a todos, Miguel. Cuando salgas de aquí, dale un abrazo muy fuerte a todos nuestros hermanos y un beso a la tía Ma.

Se lo daré de tu parte. Te quiero mucho, hermano—dijo Miguel con unas lágrimas aflorando en su rostro.

Help me die with dignity—susurró José Antonio con su persistente brillo en los ojos y una tenue flacidez en el semblante.

José Antonio, ruega por nosotros.

La voz bronca del carcelero interrumpió a los dos hermanos: “Vamos, deprisa, ya es hora”

José Antonio, que en ese momento estaba abrazándose postreramente a su hermano, fue cogido por la espalda por el carcelero y otro colega. Cuando se lo llevaban, espetó:

Miguel, España no se rendirá. ¡¡Arriba España!!

¡¡Arriba España siempre, José Antonio!!—respondió Miguel conmocionado.

José Antonio, en el pasillo, no pudo reprimirse, y con serenidad, les dijo a los guardianes una frase que ya había pronunciado en uno de sus juicios:

¡Qué equivocados estáis! Vais a fusilarme a mí, que venía en vuestro amparo.

Llegaron al patio de la cárcel. Se oían ruidos de pistolas y de granadas, olía a pólvora. José Antonio fue llevado junto a cinco personas más, tres falangistas y dos carlistas, a un rincón de la prisión. Los jóvenes falangistas quedaron impresionados al ver a su líder, allí, con su imponente abrigo, sereno, incluso con un ademán sonriente en el rostro al ver allí a sus muchachos. José Antonio, en última instancia, dijo a aquellos que se disponían a llevárselo para siempre:

Yo no soy vuestro enemigo. Yo soy vuestra ayuda. No tenéis que fusilarme a mí, sino a vuestros jefes. Ellos no hacen nada por vosotros. Son sólo embusteros.

Los miembros del pelotón de fusilamiento hicieron caso omiso de las palabras de José Antonio. Éste, consciente de que era inútil cualquier intento de avenirse a razones con aquellos, les espetó:

¿Son ustedes buenos tiradores?

Los otros contestaron afirmativamente. José Antonio, cuyo abrigo le había pedido el carcelero como regalo, tomó su abrigo y lo arrojó con fuerza hacia el carcelero. A continuación, apretó con fuerza el crucifijo que llevaba en su mano izquierda. La descarga de los doce miembros del pelotón, seis anarquistas de la FAI y seis comunistas, sonó atronadora. José Antonio, en trance de muerte, exclamó antes de caer al suelo fulminado por las balas, con el brazo derecho en alto:

¡¡¡Arriba España!!!

Todo había terminado. José Antonio yacía ensangrentado en el suelo. Su corazón español había sido fulminado por la acción asesina de las balas. Uno de los cerebros más privilegiados de Europa, en palabras de don Miguel de Unamuno, había muerto. Pero su asesinato no fue en vano. Su generosa sangre regó los destinos de España durante los cuarenta años siguientes, un periodo en el que España volvió a ser Una, Grande y Libre.





























































martes, 1 de octubre de 2013

1º de Octubre, Día del Caudillo

 


FRANCISCO FRANCO

Caudillo de la nueva Reconquista,
Señor de España, que en su fe renace,
sabe vencer y sonreír, y hace
campo de pan la tierra de conquista.

Sabe vencer y sonreír… Su ingenio
militar campa en la guerrera gloria
seguro y firme. Y, para hacer Historia,
Dios quiso darle mucho más: el genio.

Inspira fe y amor. Doquiera llega
el prestigio triunfal que lo acompaña,
mientras la Patria ante su impulso crece,

para un mañana que el ayer no niega,
para una España más y más España,
¡la sonrisa de Franco resplandece!

Manuel Machado

jueves, 5 de septiembre de 2013

EL FUERO DE LOS ESPAÑOLES

cara al sol 8




FUERO DE LOS ESPAÑOLES
de 17 de julio de 1945, modificado por la Ley Orgánica del Estado de 10 de enero de
1967(aprobado por Decreto 779/1967, de 20 de abril. BOE nº 95 de 21 de abril).
FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE, CAUDILLO DE ESPAÑA, JEFE DEL ESTADO Y
GENERALÍSIMO DE LOS EJÉRCITOS DE LA NACIÓN:


Por cuanto las Cortes Españolas, como órgano superior de participación del pueblo en las tareas del Estado, según la Ley de su creación, han elaborado el Fuero de los Españoles, texto fundamental definidor de los derechos y deberes de los mismos y amparador de sus garantías; y teniendo en cuenta, al igual que ocurre en el Fuero del Trabajo, que sus líneas maestras acreditan el valor permanente del ideario que las inspira y gran número de sus declaraciones y preceptos constituyen un fiel anticipo de la doctrina social­católica, recientemente puesta al día por el Concilio Vaticano II y finalmente, dada la modificación introducida en su Artículo 6 por la Ley Orgánica del Estado, aprobada previo referéndum de la Nación, a los efectos de adecuar su texto a la Declaración Conciliar sobre la libertad religiosa, promulgada el 1 de diciembre del año 1965, que exige el reconocimiento explícito de este derecho, en consonancia, además, con el segundo de los Principios Fundamentales del Movimiento, según el cual la Doctrina de la Iglesia habrá de inspirar nuestra legislación. Vengo en disponer lo siguiente:
Artículo único.­ Queda aprobado, con el carácter de Ley fundamental reguladora de sus derechos y deberes, el Fuero de los Españoles, que a continuación se inserta:

TÍTULO PRELIMINAR

Artículo 1.­ El Estado español proclama como principio recto de sus actos el respeto a la dignidad, la integridad y la libertad de la persona humana, reconociendo al hombre, en cuanto portador de valores eternos y miembros de una comunidad nacional, titular de deberes y derechos, cuyo ejercicio garantiza en orden al bien común.

TÍTULO I. DEBERES Y DERECHOS DE LOS ESPAÑOLES

CAPÍTULO I.
Artículo 2.­ Los españoles deben servicio fiel a la Patria, lealtad al Jefe del Estado y obediencia a las leyes.
Artículo 3.­ La Ley ampara por igual el derecho de todos los españoles, sin preferencia de clases ni acepción de personas.
Artículo 4.­ Los españoles tienen derecho al respeto de su honor personal y familiar.
Quien lo ultraje, cualquiera que fuese su condición, incurrirá en responsabilidad.
Artículo 5.­ Todos los españoles tienen derecho a recibir educación e instrucción y el deber de adquirirlas, bien en el seno de su familia o en centros privados o públicos, a su libre elección. El Estado velará para que ningún talento se malogre por falta de medios económicos.
Artículo 6.­ La profesión y práctica de la Religión Católica, que es la del Estado español, gozará de la protección oficial.
El Estado asumirá la protección de la libertad religiosa, que será garantizada por una eficaz tutela jurídica que, a la vez, salvaguarde la moral y el orden público.
Artículo 7.­ Constituye título de honor para los españoles el servir a la Patria con las armas.
Todos los españoles están obligados a prestar este servicio cuando sean llamados con arreglo a la Ley.
Artículo 8.­ Por medio de leyes, y siempre con carácter general, podrán imponerse las prestaciones personales que exijan el interés de la Nación y las necesidades públicas.
Artículo 9.­ Los españoles contribuirán al sostenimiento de las cargas públicas según su capacidad económica. Nadie estará obligado a pagar tributos que no hayan sido establecidos con arreglo a ley votada en Cortes.
Artículo 10.­ Todos los españoles tienen derecho a participar en las funciones públicas de carácter representativo, a través de la familia, el municipio y el sindicato, sin perjuicio de otras representaciones que las leyes establezcan.
Artículo 11.­ Todos los españoles podrán desempeñar cargos y funciones públicas según su mérito y capacidad.
Artículo 12.­ Todo español podrá expresar libremente sus ideas mientras no atenten a los principios fundamentales del Estado.
Artículo 13.­ Dentro del territorio nacional, el Estado garantiza la libertad y el secreto de la correspondencia.
Artículo 14.­ Los españoles tienen derecho a fijar libremente su residencia dentro del territorio nacional.
Artículo 15.­ Nadie podrá entrar en el domicilio de un español ni efectuar registros en él sin su consentimiento, a no ser con mandato de la Autoridad competente y en los casos y en la forma que establezcan las Leyes.
Artículo 16.­ Los españoles podrán reunirse y asociarse libremente para fines lícitos y de acuerdo con lo establecido por las leyes. El Estado podrá crear y mantener las organizaciones que estime necesarias para el
cumplimiento de sus fines. Las normas fundacionales, que revestirán forma de ley, coordinarán el ejercicio de este derecho con el reconocido en el párrafo anterior. 
Artículo 17.­ Los españoles tienen derecho a la seguridad jurídica. Todos los órganos del Estado actuarán conforme a un orden jerárquico de normas preestablecidas, que no podrán arbitrariamente ser interpretadas ni alteradas.
Artículo 18.­ Ningún español podrá ser detenido sino en los casos y en la forma que prescriben las Leyes.
En el plazo de setenta y dos horas, todo detenido será puesto en libertad o entregado a la Autoridad judicial. 
Artículo 19.­ Nadie podrá ser condenado sino en virtud de Ley anterior al delito, mediante sentencia de Tribunal competente y previa audiencia y defensa del interesado.
Artículo 20.­ Ningún español podrá ser privado de su nacionalidad sino por delito de traición, definido en las Leyes penales, o por entrar al servicio de las armas o ejercer cargo público en país extranjero contra la prohibición expresa del Jefe del Estado.
Artículo 21.­ Los españoles podrán dirigir individualmente peticiones al Jefe del Estado, a las Cortes y a las Autoridades. Las Corporaciones, funcionarios públicos y miembros de las Fuerzas e Institutos armados sólo podrán ejercitar este derecho de acuerdo con las disposiciones por que se rijan.

CAPÍTULO II.

Artículo 22.­ El Estado reconoce y ampara a la familia como institución natural y fundamento de la sociedad, con derechos y deberes anteriores y superiores a toda ley humana positiva.El matrimonio será uno e indisoluble. El Estado protegerá especialmente a las familias numerosas.
Artículo 23.­ Los padres están obligados a alimentar, educar e instruir a sus hijos. El Estado suspenderá el ejercicio de la patria potestad o privará de ella a los que no la ejerzan dignamente, y transferirá la guarda y educación de los menores a quienes por Ley corresponda.

CAPÍTULO III.

Artículo 24.­ Todos los españoles tienen derecho al trabajo y el deber de ocuparse en alguna actividad socialmente útil.
Artículo 25.­ El trabajo, por su condición esencialmente humana, no puede ser relegado al concepto material de mercancía, ni ser objeto de transacción alguna incompatible con la dignidad personal del que lo presta. Constituye por sí atributo de honor y título suficiente para exigir tutela y asistencia del Estado.
Artículo 26.­ El Estado reconoce en la Empresa una comunidad de aportaciones de la técnica, la mano de obra y el capital en sus diversas formas, y proclama, por consecuencia, el derecho de estos elementos a participar en los beneficios. El Estado cuidará de que las relaciones entre ellos se mantengan dentro de la más estricta equidad y en una jerarquía que subordine los valores económicos a los de categoría humana, al interés de la Nación y a las exigencias del bien común.
Artículo 27.­ Todos los trabajadores serán amparados por el Estado en su derecho a una retribución justa y suficiente, cuando menos, para proporcionar a ellos y a sus familias el bienestar que les permita una vida moral y digna.
Artículo 28.­ El Estado español garantiza a los trabajadores la seguridad de amparo en el infortunio y les reconoce el derecho a la asistencia en los casos de vejez, muerte, enfermedad, maternidad, accidentes del trabajo, invalidez, paro forzoso y demás riesgos que pueden ser objeto de seguro social.
Artículo 29.­ El Estado mantendrá instituciones de asistencia y amparará y propulsará las creadas por la Iglesia, las Corporaciones y los particulares.
Artículo 30.­ La propiedad privada como medio natural para el cumplimiento de los fines individuales, familiares y sociales, es reconocida y amparada por el Estado.
Todas las formas de propiedad quedan subordinadas a las necesidades de la Nación y al bien común.
La riqueza no podrá permanecer inactiva, ser destruida indebidamente ni aplicada a fines ilícitos. 
Artículo 31.­ El Estado facilitará a todos los españoles el acceso a las formas de propiedad más íntimamente ligadas a la persona humana: hogar familiar, heredad, útiles de trabajo y bienes de uso cotidiano.
Artículo 32.­ En ningún caso se impondrá la pena de confiscación de bienes.
Nadie podrá ser expropiado sino por causa de utilidad pública o interés social, previa la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto en las Leyes.

TÍTULO II. DEL EJERCICIO Y GARANTÍA DE LOS DERECHOS

Artículo 33.­ El ejercicio de los derechos que se reconocen en este Fuero no podrá atentar a la unidad espiritual, nacional y social de España.
Artículo 34.­ Las Cortes votarán las Leyes necesarias para el ejercicio de los derechos reconocidos en este Fuero.
Artículo 35.­ La vigencia de los Artículos doce, trece, catorce, quince, dieciséis y dieciocho podrá ser temporalmente suspendida por el Gobierno total o parcialmente mediante Decreto­Ley, que taxativamente determine el alcance y duración de la medida.
Artículo 36.­ Toda violación que se cometiere contra cualquiera de los derechos proclamados en este Fuero será sancionada por las Leyes, las cuales determinarán las acciones que para su defensa y garantía podrán ser utilizadas ante las jurisdicciones en cada caso competentes.

Dada en El Pardo a diecisiete de julio de mil novecientos cuarenta y cinco.
FRANCISCO FRANCO 

martes, 2 de abril de 2013

Jorge Mario Bergoglio y la patria



Cita de la introducción del por entonces cardenal y arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, al libro “El bicentenario de la independencia de los países latinoamericanos", de Guzmán Carriquiry Lecour, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina:



Un país es el espacio geográfico, la nación la constituye el andamiaje institucional. La patria, en cambio, es lo recibido de los padres y lo que hemos de entregar a los hijos. Un país puede ser mutilado, la nación puede transformarse (en las posguerras del siglo XX hemos visto tantos ejemplos de esto), pero la patria o mantiene su ser fundante o muere; patria dice a patrimonio, a lo recibido y que hay que entregar acrecentado pero no adulterado.


Patria dice a paternidad y filiación… patria evoca aquella escena trágica y esperanzadora de Eneas con su padre a babuchas en la tarde de la destrucción de Troya: «et sublato patre montem petivi». Sí, patria supone soportar lo recibido no para guardarlo en conserva sino para entregarlo íntegro en su esencia pero crecido en el camino de la historia.


Patria necesariamente entraña una tensión entre la memoria del pasado, el compromiso con la realidad del presente y la utopía que proyecta hacia el futuro. Y esta tensión es concreta, no sufre intervenciones extrañas, no se extrapola en la confusión de la realidad presente con la memoria y la utopía engendrando fugas ideológicas esencialmente infecundas.



Cardenal Jorge Mario Bergoglio


Buenos Aires, 24 de enero de 2011,


Fiesta de Nuestra Señora de la Paz

domingo, 31 de marzo de 2013

1º DE ABRIL DE CUALQUIER AÑO



En el día de hoy, cautivo y desarmado el pueblo español, ha alcanzado el marxismo sus últimos objetivos. La paz ha terminado”.

Por Maruja Moreno Méndez.

El pueblo español, cautivo en una red psicológica, ha sido desarmado de sus más altos ideales y valores morales, desgajado de su raíz histórica y tradicional, traicionado en sus más intimas esencias, despojado hasta del bienestar material que había alcanzado a costa del esfuerzo y del estímulo en un régimen que, nacido de una victoria militar, tenía sus hondas raíces en las entrañas del alma española. Ese pueblo que vivía la ilusión de trabajar en una empresa común, ha perdido la paz.

Palabras como solidaridad, colectivo, común, se han distorsionado y se convierten en las bocas de los que hoy ampulosamente las pronuncian en grotescas muecas que cuando menos nos hacen sonreír. Pueblos de España, esta frase machaconamente repetida, ha sustituido a esa otra tan entrañable de pueblo español. La solidaridad se ha convertido en una palabra hueca que nos hace odiar lo que antes amábamos. Lo colectivo se ha plural izado para recordarnos que hay clases, grupos, capillas. y lo común, lo que nos une, no es ya más que la pobreza, la miseria, el miedo, la vergüenza, las lacras y el terror. No han respetado ni siquiera la dignidad nacional. Se ríen de nosotros como nación, en nuestras propias narices, teniendo por representante ante el mundo al protagonista de chistes tontos, y uno siente pena de que se haya podido caer tan bajo. Ríes por no llorar cuando te dicen que España ya tienen peso específico en el conjunto de las naciones. Sí, se nos ha adjudicado el papel de payaso internacional. Sientes lástima de que se haya minado de tal manera el espíritu nacional que tengamos que pasar por trances como el del ametrallamiento de unos pesqueros para que, allá en el fondo de nuestra alma, la indignación riegue esa semilla agostada que fue en su día el orgullo de ser españoles.

La primavera tímidamente se ha asomado a España, otra primavera más. Otro 1.º de abril nos ha contemplado. Yo medito sobre lo que me rodea, y no me gusta. No me gusta lo que estamos preparando para nuestros hijos. Me duele que se haya echado a Dios de las escuelas. Me duele que se quiera manipular nuestras conciencias y nuestra libertad, la de verdad –esto es muy grave-, desde medios tan poderosos como la radio y la televisión. Me duele que el sábado, uno de los pocos días en que muchos padres dejamos a los niños ver la televisión por la noche, nos regalen con tristes muestras de basura nacional, y haya que apagar ese aparato que tanto bien podría hacer y que tanto daño está haciendo. Hay un claro empeño en minar los valores más profundos y serios de la familia y de la moral. Me duele que se tergiverse la historia. las noticias. las verdades. y me duele mucho más que todo esto se haga engañando. disfrazándolo de cultura y de democracia. La cultura es algo muy distinto de este sucedáneo adulterado que nos quieren hacer tragar, y respecto a la democracia, yo no siento una especial inclinación hacia este término. porque creo que en su versión liberal es algo utópico y trasnochado y tengo serias dudas sobre su operancia efectiva. Pero eso no quita que la respete como cualquier teoría política. y por eso no me gusta que se prostituya empleándola alegremente para tapar sucios manejos de reconversión... ideológica.

Me sonrío al contemplar esas campañas tan conmovedoras del cambio de pistolas por balones, yesos movimientos tan dudosamente pacifistas, cuando por otro lado se está fomentando la corrupción de costumbres en todas las esferas, se despenalizan crímenes tan abominables como el aborto, se liberaliza el consumo de drogas, causa y origen de innumerables delitos, aparte la destrucción psíquica y física de nuestros jóvenes, se ofrece trato preferencial a asesinos sin escrúpulos, y se coarta con leyes injustas el deber-derecho de los padres a la educación de sus hijos. ¿Es qué no son todas estas situaciones formas expresas de propiciar la violencia con unas consecuencias imprevisibles que pueden llegar a desbordarnos y a la destrucción sistemática de nuestra sociedad? Como así está sucediendo.

Puede haber dictaduras, y de hecho las hay, respaldadas por diez millones de votos. No hay que ir muy lejos para encontrarlas. Para terminar esta mi particular conmemoración del 1.º de Abril, día en que Francisco Franco, Generalísimo de los Ejércitos, firmó el parte de la Victoria, una última consideración. Aquello de un hombre, un voto, es muy bonito si fuera verdad. Mi voto, y no es petulancia, sino puro raciocinio, jamás puede ser igual que el de la anciana señora del parque de atracciones del señor Tola. ¡Hasta ahí podíamos llegar! ¡Cuántos millones de votos nulos, Señor! Porque el papelito que yo eché en ese cajón de cristal iba respaldado por mi libertad para pensar, una libertad con mayúscula que no me puede arrebatar nadie, en nombre de esa otra libertad chata y pequeñita, ni los votos irresponsables, ni ningún partido internacionalista. Por eso es tan grave manipular el pensamiento de la persona, y por eso concretamente hoy, traigo a la consideración de los que me lean, el nuevo parte que puede producirse el día menos pensado, y sin mucho tardar, y que puede llevarnos, por mor de una obsoleta y falsa democracia, a la más tiránica de las dictaduras, de las que nunca más se retorna.



® Fuerza Nueva. Del 28 de abril al 12 de Mayo de 1984. Num. 865

domingo, 17 de febrero de 2013

Hay una España Azul...




Hay una España Azul—color de cielo—,
 como una bella flor de amanecer;
 calor de madre para el duro suelo
 y un anhelo infinito de poder. 
 Hay una España Azul que perecía .
 entre hogueras de odio y de rencor;
 la España que, muriendo, renacía;
 la Patria del Amor y del Dolor. 
 Hay una España Azul, llena de auroras, 
 que trabaja y que sueña a todas horas
 por verse libre de la planta extraña.
 ¡España fuerte! ¡España redimida! 
 Jesús que vuelve a iluminar la vida 
 de ese rojo pingajo que era España.
 JUAN SOCA.

viernes, 1 de febrero de 2013

"No es una guerra, es una Cruzada"




 Jorge López Teulón
En los discursos y alocuciones que pronunciaron los jefes del Alzamiento, en los primeros días de la sublevación, no se hacía mención de la cuestión religiosa. No empezaron a referirse a la misma hasta que llegaron noticias de la persecución religiosa que se había desencadenado en la zona gubernamental como consecuencia del pronunciamiento. Esta persecución había de facilitar a los sublevados, al convertirse el pronunciamiento en guerra civil, la posibilidad de presentar la cuestión religiosa como uno de los fundamentos de su movimiento frente a los gubernamentales, hasta el extremo de presentar la guerra civil como una “Cruzada”. Por su parte, afirma Gonzalo Redondo en el tomo II, La Guerra Civil: 1936-1939 desu “Historia de la Iglesia en España: 1931-1939 (Madrid, 1993), que “puede afirmarse que la primera vez en que un obispo español utilizó públicamente la expresión “cruzada” para referirse a la guerra fue el 23 de agosto de 1936 en la nota redactada por Monseñor Marcelino Olaechea, obispo de Pamplona, y publicada en el Diario de Navarra de esa misma fecha”. La voz del Prelado “No es un guerra: es una cruzada” Al Excmo. Sr. Deán y Cabildo de la S.I. Catedral, al Muy Ilustre Sr. Prior y Cabildo de la Colegiata de Roncesvalles, a los Muy Rvdos. Sres. Arciprestes, Párrocos, Ecónomos, Regentes, Coadjutores, Capellanes, a todas las Reverendas Comunidades de ambos sexos; a los Sres. Presidentes y Juntas de Fábrica de Nuestras Iglesias, a las Archicofradías, Cofradías, Hermandades y Pías Asociaciones. Continuas y rendidísimas gracias hemos de dar a Dios al considerar cómo en nuestra amada Diócesis, por el favor y valentía que Él ha puesto en el corazón navarro, ningún sacerdote ha sido ultrajado, ningún templo ha sufrido deterioro. Gracias a Dios en nuestras oraciones; y caridad generosa para los que luchan por la causa de Dios y por España, que es gran don de Dios. Os invito a todos, venerables hermanos y queridísimos hijos, a poner en mis manos –para que de ellas vayan a la Junta de Defensa Nacional- una limosna grande, la más grande que podáis, de vuestro peculio y de los fondos mismos de las entidades que presidís o de las que formáis parte. No es una guerra la que se está librando, es una cruzada, y la Iglesia mientras pide a Dios la paz y el ahorro de sangre de todos sus hijos –de los que la aman y luchan por defenderla, y de los que la ultrajan y quieren su ruina- no puede menos de poner cuanto tienen a favor de los cruzados. Lo hizo siempre, y como siempre lo hace en estos días. En su nombre, os lo agradece y bendice. +Marcelino, Obispo de Pamplona. Tres días más tarde, el arzobispo de Zaragoza, Monseñor Rigoberto Doménech, habló también dela cruzada en carta circular del 26 de agosto. Con fecha del 31 de agosto, apareció en el mismo sentido, una circular del arzobispo compostelano, Monseñor Tomás Muniz Pablos. El día anterior, habían fusilados a los Obispos de Guadix y Almería, que sumaban diez de los trece Obispos que serían martirizados durante los días de la persecución religiosa. Por otra parte, de la misma manera se expresa la Carta colectiva que redactó el cardenal primado Isidro Gomá y Tomás, a quien el alzamiento militar del 18 de julio de 1936 sorprendió en Tarazona, donde había acudido para la consagración episcopal de Gregorio Modrego y Casaus, que iba a ser su obispo auxiliar. La consagración fue aplazada hasta octubre y Gomá se trasladó a Pamplona, donde fue acogido por el obispo Marcelino Olaechea. Centenares de sacerdotes fueron igualmente acogidos y atendidos por la generosa hospitalidad del obispo Olaechea en la Casa de Ejercicios de las Esclavas de Cristo Rey de la capital navarra. 1 de julio de 1937, la Carta colectiva Después de la encíclica Divini Redemptoris, fue cuajando la idea de una Pastoral colectiva sobre la guerra civil y la persecución religiosa. La carta lleva fecha del 1 de julio de 1937, prácticamente un año después del comienzo de la guerra, cuando ya eran miles los sacerdotes, religiosos y seglares asesinados. Fue aprobada por la Santa Sede antes de su publicación y firmada por todos los obispos, excepto Vidal y Barraquer y Múgica, ambos a la sazón fuera de España. No se publicó hasta el mes de agosto. Iba dirigida al Episcopado universal y tuvo gran resonancia. Los obispos españoles recibieron 580 mensajes de adhesión de parte de los Episcopados y particulares de obispos. El mismo Secretario de Estado, Cardenal Pacelli, dirigió el 5 de marzo de 1938 al Cardenal Gomá un mensaje de congratulación por la Carta colectiva y por el eco encontrado en el Episcopado mundial. He aquí el resumen de su contenido. La Carta colectiva quería salir al paso de las tergiversaciones que de los hechos y de la actitud de la jerarquía eclesiástica se hacían en el extranjero, incluso en parte de la prensa católica. No pretendía ser la demostración de una tesis sino la exposición de hechos. La guerra pudo preverse desde que la República empezó a atacar a la Iglesia ya en 1931. No obstante esos ataques, la jerarquía se mostró sumisa al régimen y pidió al pueblo esa misma sumisión. La Iglesia no había querido esa guerra y si ahora se pronunciaba sobre la misma, era por su repercusión en el orden religioso y porque “ha aparecido tan claro desde sus comienzos que una de las partes beligerantes iba a la eliminación de la religión católica en España, que nosotros, obispos católicos, no podíamos inhibirnos”. La Carta habla de los planes y actos contra la religión en el quinquenio que precedió a la guerra, y del plan de exterminar al clero y de implantar el comunismo, cosa que había evitado en parte el alzamiento militar. En la guerra luchaban dos Españas, dos tendencias: la espiritual, del lado de los sublevados, y la materialista. “La Iglesia, a pesar de su espíritu de paz y de no haber querido la guerra ni haber colaborado con ella, no podía ser indiferente en la lucha: se lo impedían su doctrina y su espíritu”. Sólo el triunfo del alzamiento militar podía esperarse la justicia y la paz. Caracterizaba a la revolución comunista de “cruelísima”, “inhumana”, “bárbara”, “antiespañola” y, sobre todo, “anticristiana”, exponiendo brevemente los hechos y características de la persecución religiosa, que en pocas semanas había superado a todas las persecuciones en número de víctimas y en manifestaciones“del odio contra Jesucristo y su religión sagrada”. Se hablaba de las características de la España nacional y se recordaban las palabras de Pío XI de que en España se habían producido verdaderos martirios. Se respondía a las acusaciones de que la Iglesia era rica, que atacó al pueblo desde sus templos y de que se ha mezclado en la contienda. Declaraba la independencia de la Iglesia, su no atarse a ningún poder, aunque acogía a aquel que la defendía de la aniquilación que intentaba el comunismo. Y añadía unas palabras luminosas: “Cuanto a lo futuro, no podemos predecir lo que ocurrirá al final de la lucha. Sí que afirmamos que la guerra no se ha emprendido para levantar un Estado autócrata sobre una nación humillada, sino para que resurja el espíritu nacional con la pujanza y la libertad cristiana de los tiempos viejos... Seríamos los primeros en lamentar que la autocracia irresponsable de un parlamento fuese sustituida por la más terrible de una dictadura desarraigada de la nación. Abrigamos la esperanza legítima de que no sea así”. La carta tuvo influjo beneficioso en la zona republicana. La República había quedado en evidencia ante el mundo. La persecución cruenta, que ya había remitido bastante desde principios de 1937, disminuyó aún más. A pesar de todo, todavía fueron sacrificadas otras 332 víctimas hasta el final de la guerra, la mayoría de ellas en 1937. Esta última fotografía nos muestra una placa colocada en la casa de Pont de Molins (Girona) en la que estuvieron presos los Beatos Anselmo Polanco y Felipe Ripoll los últimos días de su vida terrena en febrero de 1939. Monseñor Polanco, obispo de Teruel fue el último prelado en ser martirizado.

martes, 20 de noviembre de 2012

Caudillo Franco, salvaste a España. Nuestro agradecimiento y grato recuerdo.


http://www.fnff.es

La fecha del 20 de Noviembre, fecha señalada en el calendario de las efemérides nacionales nos convoca, a los españoles que conservamos viva la memoria de la verdad histórica, a la oración, el recuerdo y el homenaje a Francisco Franco, a José Antonio y a cuantos dieron su vida por Dios y por España.

ORACIÓN, porque es un deber cristiano rezar por los difuntos y de un modo especial por aquéllos que hicieron pública confesión de su fe, pusieron su espada al servicio de la Cruz , derramaron su sangre generosa en defensa del Altar y ampararon, tutelaron y devolvieron la dignidad merecida a nuestra Santa Madre la Iglesia.

Oración por José Antonio y por los innumerables mártires que en defensa de la Fe y de la Patria regaron con su sangre la tierra española para que en ella fructificara la paz.

Oración por Francisco Franco, católico ejemplar, que así daba testimonio en su último mensaje al pueblo español: “En el nombre de Cristo me honro y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia en cuyo seno voy a morir” y - en otra parte de su testamento político- “Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que fueron de España” 

RECUERDO, porque permanece viva en la memoria la gesta heroica y martirial de quienes salvaron a España de manos de aquéllos que quisieron dejarnos sin Dios y sin Patria; memoria viva y permanente para los que no hemos sido anestesiados por la amnesia colectiva , que los que niegan la verdad y tergiversan la historia pretenden imponernos.

HOMENAJE , porque “es de bien nacidos ser agradecidos” y no ocultamos nuestra admiración y nuestra gratitud a Francisco Franco, a José Antonio y a quienes hicieron posible que España recobrara su Unidad, su Grandeza y su Libertad .

Con este triple sentimiento, nos congregamos en este día y elevamos nuestras oraciones para que el Todopoderoso conceda el descanso eterno a quienes nos precedieron en el combate por Dios y por España y para que nuestra Patria enderece su rumbo y camine de nuevo por la senda de la unidad y la catolicidad que secularmente les han sido propias. 

lunes, 19 de noviembre de 2012

José Antonio Primo de Rivera: ¡¡PRESENTE!!


"Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas cualidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia"


¡¡¡PRESENTE!!!

miércoles, 31 de octubre de 2012

A 79 años del acto fundacional de La Comedia… José Antonio





Por Blas Piñar 


 Basta decir su nombre para saber que se trata de José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia. No hacen falta los apellidos. Esto es así, sin duda, porque José Antonio identifica, con este nombre, a un personaje excepcional, a una figura clave de la historia española contemporánea. De él hay que resaltar lo que en su biografía política es más importante, aquello que, por ejemplar, tiene magisterio para el día de hoy, tanto entre nosotros como más allá de nuestras fronteras. El protagonista aparece en el escenario de un teatro madrileño. En “La Comedia” pronunció el discurso fundacional de la Falange. Fue el 29 de octubre de 1933. Yo era un chaval de 13 años. Vivía en Toledo. En aquel entonces no eran muchas las familias con aparatos de radio en sus casas. Nosotros no lo teníamos, pero supe que podría escuchar ese discurso en la de un matrimonio amigo de mis padres. Vencí todo respeto humano y me fui a ver a esos amigos y a rogarles que conectaran con la emisora. No he podido olvidarlo. Antes de que hablase José Antonio, el ambiente en el local, lleno hasta desbordarse, contagiaba a través de las ondas. El locutor hablaba no sólo del lleno absoluto, sino del entusiasmo de quienes se habían congregado en el mismo, y hasta de unas octavillas de adhesión al acto, de jóvenes del Partido Nacionalista de Albiñana. Oí el discurso con un silencio emotivo. Me impresionó; mejor dicho, me conmovió, y me convenció José Antonio. Interpretaba, daba a conocer, decía en público, lo que yo, un adolescente entonces, pensaba y sentía, y que era, en síntesis, aquello que, sin saber exponerlo con gallardía, aprendí de mis padres y me enseñaron en el colegio. En el prólogo que tuve el honor de escribir para la sexta, séptima y octava edición del libro de Felipe Ximénez de Sandoval, José Antonio. Biografía apasionada, que editó Fuerza Nueva muchos años después de aquel acto, di una versión similar a la que acabo de exponer. En Toledo, y en el Cine Moderno, hubo un acto-presentación de la Falange el 24 de enero de 1935. Asistí. Alguien, siendo ya Notario de Madrid, me envió una foto, en la que yo entraba en el patio de butacas, donde, por cierto, no encontré lugar y tuve que subir al “gallinero”. Habló José Antonio, al que encontré triste, a la vez que brillante. Brillante porque había un público que le vitoreaba y aplaudía, y era lógico que lo agradeciese; y triste porque quien le había precedido en el uso de la palabra no estuvo muy acertado. Por la tarde se celebró un partido de fútbol, que presencié, entre un grupo de falangistas madrileños y otro de falangistas toledanos. No tuve ocasión -era un chiquillo- de conversar, ni siquiera de dar la mano a José Antonio. Hay que situar a José Antonio en su tiempo, es decir en los años posteriores al término de la Primera Guerra Mundial, la de 1914 a 1918. Los cimientos de Europa se estremecían profundamente y la revolución rusa, con la implantación de un régimen comunista que proyectaba el marxismo a las naciones del continente, produjo, como lógica respuesta, el nacimiento y la llegada al poder de partidos políticos que se oponían con valor al desmantelamiento de las mismas. Estos movimientos políticos se acostumbra a denominarlos “fascistas”, con ánimo despectivo, y, en general, se entiende que así lo son por significarse políticamente usando las camisas de color (negras, pardas, verdes, azules, doradas). Sobre ambas cosas quiero pronunciarme, para perfilar la figura de José Antonio y de su partido. ¿Fue José Antonio fascista? Mi respuesta, “Sí y No”, puede sorprender, pero el que sorprenda no equivale a decir que sea desacertada. Prescindiendo de lo que la palabra fascista tenga de despectivo, el “Sí” corresponde a una generalización gramatical del fascismo italiano, que abarca y comprende a los partidos políticos antimarxistas y no capitalistas, a que antes hicimos referencia. Pues bien, lo que tenían en común el fascismo italiano y los grupos políticos a los que así se les califica no era su filosofía política esencial, que era distinta, sino el hecho de pretender y esforzarse en reencontrar las propias raíces nacionales, su identidad histórica; y en última instancia los valores básicos de la civilización occidental. La calificación de fascismo y de fascista tiene su origen en la propaganda dirigida por Moscú, que arrojó con desprecio una y otra palabra a quienes no militan en la izquierda, e incluso a los que militando en ella, como ocurrió con el POUM, o la FAI, en nuestra guerra, no apoyaban al comunismo “ortodoxo” de la URSS. La comparecencia, y al unísono, de los movimientos políticos nacionales, hizo que aquellos que alcanzaron el poder en sus países influyeran en los que trataban de conseguirlo. Pero una cosa es ser fascista y otra reconocer la influencia del fascismo. Una cosa es llevar una camisa de un color determinado y otra que el que la lleva sea un fascista. Probablemente es el color de la camisa el que pone de manifiesto su contextura política. De aquí que la respuesta “Sí y No” no sea contradictoria. José Antonio y la Falange fueron fascistas, si con esta denominación se engloba a los movimientos políticos nacionales surgidos después de finalizar la guerra de 1914 a 1918. Pero ni José Antonio ni la Falange fueron una sucursal española del fascismo italiano. Tampoco, ni mucho menos, fue José Antonio un discípulo aventajado de Adolfo Hitler. Si el nacional-socialismo hizo de la raza el pedestal supremo del nacionalsocialismo; si el fascio nació y creció al servicio del lema “todo en el Estado”, si incluso -aunque desde un planteamiento diferente- el Partido Comunista lo hizo en la clase obrera, José Antonio, que fundó un movimiento nacional-sindicalista, reconoció la importancia de los cuerpos intermedios, y proclamó que, políticamente, el hombre ha de ser considerado ante todo como un ser portador de valores eternos. El hombre como un ser portador de valores eternos Más cerca estuvo el fundador de la Falange del rexismo belga de León Degrèlle, y de la Guardia de Hierro o Legión de San Miguel Arcángel (pues con ambos nombres fue conocido), que fundó en Rumanía Cornelio Zelea Codreanu. En ellos, como en José Antonio, está vivo el propósito de aproximar en la medida de lo posible la Ciudad del hombre a la Civitas Dei.Esta vinculación del hombre portador de valores eternos a la “polis” la puso de manifiesto José Antonio de un modo admirable al configurar al falangista, no como un militante de los partidos políticos de la democracia inorgánica, al que se entrega un carnet, y que paga una cuota mensual, que participa en unas elecciones, como elector o elegible, sino como persona que se juega en esta vida su futuro eterno. José Antonio quería un militante sui generis; mitad monje y mitad soldado; no para dividirlo, como le han criticado algunos, sino para completarlo interiormente y fortalecerlo. Para José Antonio, ser monje es tanto como ser un soldado de Cristo, y ser soldado dispuesto a dar la existencia por la esencia. Si a la imputación despectiva de fascismo se acompaña, de ordinario, la de extrema derecha, conviene que no olvidemos esta palabra, que se pronuncia o escribe como un insulto, porque José Antonio, como quienes comulgamos con su doctrina, ni siquiera fue de derechas, que es una forma de ser liberal; José Antonio, que detestó el liberalismo -tal y como lo hicieron en repetidas ocasiones los romanos Pontífices- superó el binomio derecha-izquierda de la Revolución Francesa, invocando como valores fraternos lo nacional y lo social, bajo el signo religioso. La sociedad que contemplaba José Antonio no puede, ni debe, concebirse como una cuerda de cuyos extremos tiran dos grupos antagónicos, y que acaban rompiéndola, sino una sola cuerda de la que todos, a la vez, tiran en un solo sentido, sumando fuerzas. Esa es la razón del combate por la Patria, el Pan y la Justicia. Por eso, los Sindicatos verticales deben sustituir a los que no lo son, a los que estimulan la lucha de clases y el enfrentamiento de patronos y obreros, y producen el paro y el cierre de las empresas.  España, unidad de destino en lo universal Su definición de la Patria española como unidad de destino en lo universal revela el modelo de la unidad del hombre, y comprende dos cosas: de una parte, que la unidad de lo diverso se hace a imagen y semejanza del único Dios omnipotente y trinitario porque lo es en tres Personas consustanciales, distintas, y de otra, que el respeto y el amor a la unidad de lo diverso enriquece y fortalece a la Patria. Así lo ha demostrado nuestra historia. Esta concepción de la Patria exige una política exterior determinada, que sólo existe cuando es resultado de una política interior. Aquélla es el fruto lógico de ésta, como el semblante lo es de la salud. Por eso, la doctrina joseantoniana se pronunció contra el separatismo que mutila o fragmenta a la Patria, así como contra el propósito de deshacerla espiritualmente, al perder su identidad, ya que ella forma parte de la diversidad interna, que no la divide territorialmente, y no debilita el espíritu de la nación. ¿Monárquico o republicano? Otro tema sobre el que estimo que es necesario prestar atención, pues se presenta confuso, o prejuzgado, es el de Monarquía o República. ¿Era José Antonio monárquico? ¿Era republicano? Es cierto que estimaba que el 14 de abril de 1931 había fallecido la Monarquía, pero también es verdad que monarquía no es lo mismo que régimen monárquico. La prueba es que el yugo y las flechas, las de un régimen monárquico, fueron escudo e insignia de su movimiento político. El tema a estudiar no es semántico, de dos palabras contrapuestas, sino del contenido político de las mismas, ni tampoco de llamar al jefe del Estado Rey o Presidente. Si es el contenido político lo que importa, hay que saber que hay monarquías absolutas, monarquías liberales, monarquías parlamentarias y monarquías que llamamos tradicionales. Igualmente hay repúblicas que se apellidan de manera similar. En uno y otro caso hay monarquías republicanas y repúblicas monárquicas. Hay monarquías de nombre y que son “repúblicas coronadas” como dijo de la nuestra, y con acierto, Manuel Fraga, o coronas sin monarquía, y hay repúblicas monárquicas que se encubren con el gorro frigio. De aquéllas son ejemplo las monarquías de los países del norte de Europa y de las segundas las repúblicas presidencialistas. Para entenderlo hay que contemplar dos Sistemas, el de la unidad del poder o el de la separación e independencia de tres poderes. Con este último lo que se pretende es que el poder único no se convierta en absoluto, despótico y tiránico. La Revolución francesa quiso sustituir el “Estado soy yo” de Luis XIV, por el triunvirato de tres poderes, a saber: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Esta independencia, para evitar el abuso, ha fracasado, y no pocas veces, una de ellas, en la España de hoy. El fracaso se debe a que esos poderes se enfrentan, y uno de ellos acaba adueñándose de los otros de tal forma que el judicial se politiza, o el ejecutivo se judicializa, o el legislativo se impone al ejecutivo y al judicial. Quienes han luchado para evitar el abuso del poder, fragmentándolo, ignoran, o han rechazado sin ignorarlo, que hay otro modo de evitar sus abusos. Tales limitaciones del poder proceden de arriba y de abajo, considerando, por lógica, que los llamados poderes no son otra cosa que funciones del mismo, ordenados al bien común y al servicio de la nación. Poder político, ley natural y bien común La limitación de arriba procede de la ley natural y de la moral objetiva, y por tanto, de los valores innegociables. La limitación por abajo procede de la soberanía social, que respeta y acepta aquéllos y no los quebranta. Nadie, creo yo, como Santo Tomás de Aquino, nos da noticia del mejor régimen político, que no es otro que aquél en el que se dan cita tres principios, a saber, el monárquico, el aristocrático y el democrático. El monárquico, es decir, como su nombre indica, la unidad del poder; el aristocrático, o sea del gobierno de los mejores; y el democrático, que se hace presente de forma participada en un referéndum o representado, a través de elecciones, para cubrir los escaños de las Cámaras o Cámaras legislativas. Falange y tradicionalismo Otro aspecto que conviene subrayar es el de la actitud de José Antonio con respecto a un entendimiento con otras fuerzas políticas, que podemos llamar nacionales. Si en principio el punto 27 de la Falange se pronunciaba de una forma aislacionista, la maduración de su pensamiento y la situación de la España de entonces le llevó a un cambio de postura, al pedir un Frente Nacional con los tradicionalistas, lo que era tanto como reconocer en el tradicionalismo parte de su doctrina política, así como una fuerza de profundas raíces nacionales, que muchos años antes de la guerra europea que concluyó en 1918 había luchado y combatido por una España fiel a sí misma. No sé si estuvo o no a punto de llegar a un acuerdo, ni siquiera si hubo o no conversaciones para lograrlo, lo que sí sé es que con el nombre de “Tyre” comparecieron en diversos actos los tradicionalistas y militantes del partido monárquico Renovación Española. Lo que sí tuvo importancia de cara al futuro es que la propuesta joseantoniana de un Frente Nacional dio más tarde su fruto. A mi parecer, puso de relieve que los términos tradición y revolución no eran incompatibles, si la tradición no es inmovilismo y si la revolución no es revuelta. La revolución es un revolver -volver de nuevo- en busca del pasado que nos dio vida y prestigio, y tradición es inspirarse en ese pasado para construir el futuro. No hacer, como decía José Antonio, lo que ellos hicieron, sino lo que ellos harían en el tiempo presente. Hay pues una tradición revolucionaria, y una revolución tradicionalista, y, esta última, es la puesta al día, el aggiornamento justo y necesario de enfrentarse con una situación nueva y con los problemas graves de una época distinta. José María Codón, tradicionalista, escribió un libro que se publicó por Fuerza Nueva Editorial, en su segunda edición de 1978, que se tituló: La tradición en José Antonio y el sindicalismo en Mella. Con esta argumentación he sostenido que José Antonio convocó a una revolución nacional impregnada de tradicionalismo. Claro es que esta opinión tiene su base en una distinción: que carlismo y tradicionalismo no se identifican y que uno y otro no se refieren a lo mismo. Yo entiendo que se puede ser tradicionalista sin ser carlista. Para darse cuenta de ello basta acogerse a la legitimidad de origen y a la de ejercicio. Aquella tampoco se identifica con ésta. Mas una legitimidad de origen se invalida cuando falla la de ejercicio. El carlismo no puede negarlo, porque, como en el caso del pretendiente a la corona, Carlos Hugo, que, perteneciendo a la dinastía legítima, era un admirador del comunista Tito, pedía la inserción de Navarra en Euskadi, y tuvo un grupo de seguidores que se integró en Izquierda Unida. Creo que esa conducta da cuenta de que se puede ser de la dinastía legítima y no estar de acuerdo con la legítima tradición. La Comunión tradicionalista que permanece fiel denuncia este tipo de carlismo. El auténtico carlismo no es fiel a un monarca que no ocupa la corona y que está en el exilio, sino que lo es en tanto en cuanto mantiene su fidelidad a la tradición. Por eso ha habido y hay un tradicionalismo que no tiene que ser necesariamente carlista. El tradicionalismo de Balmes o de Menéndez y Pelayo no puede negarse, y lo eran tanto como Vázquez de Mella o Victor Pradera. Esta bandera “alzada” por José Antonio se hizo visible en el trance doloroso de la guerra; trance en el que estaba en juego la existencia de España. En el tomo III de mi libro Escrito para la historia escribí que “Siempre entendí que el Movimiento Nacional era el Amazonas ideológico y beligerante que recogió, como afluentes, el caudal de las fuerzas políticas que contribuyeron con su doctrina y sus voluntarios al Alzamiento, a la Cruzada y a la construcción del nuevo Estado. En esta línea de pensamiento y acción se condujeron Fuerza Nueva y el Frente Nacional y, como es lógico, yo mismo. Recoger los caudales me pareció lógico y necesario. Retroceder hasta las fuentes de origen, para desviar el cauce, lo estimé suicida. La innata tendencia a la diáspora, que tanto mal nos ha hecho, había que contrarrestarla. Dada nuestra forma de ser y nuestro talante, se impone incrementar la fuerza centrípeta, evitando así la connatural dispersión que la fuerza centrífuga conlleva; aunque reconociendo explícitamente que no es lo mismo unidad que uniformidad. “Esta unidad sin uniformidad era exigida en este caso por la sangre vertida en común, tanto en las trincheras, con su héroes, como en la zona roja, con sus mártires, como por el hecho bien significativo de aquel 20 de noviembre de 1936 en Alicante, es decir, junto al Mediterráneo, por donde llegaron a España la Fe y la Cultura. Aquel día fueron fusilados, junto a José Antonio, dos falangistas, Luis Segura Baus y Ezequiel Riva Iniesta, y dos tradicionalistas, Vicente Muñoz Navarro y Luis López López, que habían intentado, aunque sin éxito, liberar al fundador de la Falange. Conviene señalar que Luis López fue detenido por haber dado refugio en su casa al jefe de Falange de Orihuela, Antonio Piniés y Roca de Togores.” Franco lo entendió así, aunque no lo entendieran todos; pero los enfrentamientos acaecidos en la zona roja no se produjeron en la nacional, y aquéllos, en gran parte, contribuyeron a la victoria del 1 de abril de 1939. Es muy significativo que el Príncipe Javier de Borbón Parma, en carta que tengo en mi poder, fechada en París el 30 abril 1937, recién publicado el Decreto de Unificación de las fuerzas políticas, comunicaba a Franco su “empeño de cooperar eficazmente al anhelo de unidad política a que responden sus últimas disposiciones”. La carta fue entregada personalmente al Caudillo por don Rafael Olazábal. Escrito para la Historia Dos españoles muy representativos como Manuel Fal Conde y Manuel Hedilla, más tarde, reconocieron que Franco acertó, y no sólo porque requetés y falangistas, sus tercios y banderas, continuaron combatiendo unidos, sino porque puedo dar testimonio de cómo ambos vieron con verdadera simpatía a “Fuerza Nueva”, nacida en 1966, cuando el proceso dinamizador del régimen franquista estaba en ejercicio.A Fal Conde le conocí en la concentración tradicionalista de Montejurra, de 5 mayo 1963. Terminado el Vía Crucis, hubo un almuerzo en el restaurante El Oasis. Me pidieron que hablara. Mi discurso se publicó íntegramente en las revistas Boina Roja y Montejurra. José María Valiente, que era el Delegado Nacional de la Comunión Tradicionalista, clausuró el acto, y se expresó así: “Don Blas Piñar, invitado de honor, ha dicho que no es carlista. Pero se ha ganado las grandes ovaciones de los carlistas. Don Manuel Fal Conde, mientras hablaba don Blas Piñar, me ha escrito estas palabras en una servilleta del banquete: `Pensar así, sentir así, y expresarse así, es ser carlista´”. Después, en abril de 1966, visité en Sevilla a Fal Conde. “Estaba operado de tráquea. Le era difícil hablar. Nos entendimos perfectamente a pesar de ello. Le expuse mi proyecto de fundar la revista Fuerza Nueva, y le expliqué lo que sería su ideario. Me brindó su apoyo. Más aún, me prometió, y cumplió su promesa, de hacerme llegar la dirección de mil tradicionalistas, a los que podía escribir en su nombre, a fin de darles cuenta del proyecto y pedirles que se suscribieran. Así lo hice”. (La pura verdad. Tomo III de la colección Escrito para la Historia. Págs. 75 y 76.) Manuel Hedilla Por su parte, Manuel Hedilla vino a verme a la sede de Fuerza Nueva, que entonces estaba en un piso de la casa nº 17 de la calle Velázquez de Madrid. “Estuvo muy amable. Fue explícito al exponerme su idea y sus proyectos sobre el Frente Nacional de Alianza Libre, que él patrocinaba. Me habló de sus contactos con los carlistas, que no puedo asegurar si ingresaron o no. Yo le agradecí su deferencia hacia nosotros, y le expuse mi punto de vista sobre el papel que podíamos desempeñar en la tarea -bien difícil por cierto- de aglutinar a las Fuerzas nacionales. Él lo entendió perfectamente. Y, por un lado, aquella no fue la única visita que nos hizo, y, por otro, mantuvimos contacto permanente con alguno de sus más íntimos colaboradores, como Patricio González de Canales, que suscribió la convocatoria para un homenaje que me ofrecieron el 15 de diciembre de 1971, que dio una conferencia en nuestro local, el día 27 de enero de 1972, sobre La Casa de Toledo y que en nuestra Revista publicó un comentario al punto nº 10 del programa de Falange (nº 264, de 29 de enero de 1972”. (Obra citada, págs. 103 y 104). La repercusión política a escala internacional de la obra de José Antonio, creo que nunca ha sido estudiada a fondo. Fue importante y me gustaría tener tiempo, y posibilidades de realizarlo. Como puede suponerse esa influencia la tuvo en Europa y especialmente en Hispanoamérica. En la doctrina de José Antonio se basaron movimientos políticos y personalidades muy destacadas, que manifestaron su admiración por ella. El hecho es que, quienes podemos considerar herederos ideológicos de los que le condenaron a muerte, destruyeron el monumento que tenía en Valencia, el 18 de febrero de 1971. Ante la nula reacción oficial por el atentado, que era además un desafío, Fuerza Nueva hizo una convocatoria para protestar por el ultraje, el 31 de marzo de 1971, ante la casa número 24 de la calle Génova, en la que nació José Antonio. “Hubo que improvisar, como escenario, un vehículo todo terreno. Era de noche y lloviznaba. La gente respondió a nuestro llamamiento. Dimos prueba de que éramos capaces de suplir omisiones graves de quienes por oficio, y, en principio por vocación, debieron haber hecho lo que nosotros hicimos. La sede de la jefatura provincial del Movimiento, inmediata al lugar, estuvo cerrada a cal y canto. El que más tarde apoyaría la Reforma política, Tomás Garicano Goñi, ministro de Gobernación entonces, nos impuso, como premio, una multa de 50.000 pesetas.” (Obra citada, pág. 109). Nuestra fidelidad a José Antonio la destacó su hermana Pilar, Delegada Nacional de la Sección Femenina, en varias cartas que conservo. Transcribo la última, que es de 1985: “Querido Blas: Quiero agradecerte con estas letras el recuerdo que siempre tenéis en vuestro centro y en vuestra revista para José Antonio. No todo el mundo mantiene esa fidelidad en recordar su memoria. Muchas gracias, con un abrazo de Pilar Primo de Rivera”.

 http://tradiciondigital.es/2012/10/28/a-79-anos-del-acto-fundacional-de-la-comedia-jose-antonio/