El mundo del cine se apoderó muy pronto del mito de la Legión Extranjera. Si muchas más películas hablan de la legión francesa, el "Tercio de Extranjeros" de los españoles interesó a los franceses. Durante los últimos meses del reino del Rey don Alfonso XIII, el famoso novelista francés Pierre MacOrlan (de su verdadero nombre Pierre Dumarchais) escribió un libro de casi 300 páginas, intitulado "La Bandera" (Ed. Gallimard -- Paris -- 1931) que presentaba a través de la historia del héroe, un parisiense llamado Pierre Gilieth, la manera de vivir y de servir de los legionarios perteneciendo al ejército español y sus luchas contra los que eran en aquellos tiempos "los rebeldes" marroquíes de la guerra del Rif, zona del norte de Marruecos, que los franceses y españoles tenían que pacificar.
SEMANARIO NACIONAL
jueves, 26 de enero de 2012
LA BANDERA (1935): pelicula sobre LA LEGION
sábado, 21 de enero de 2012
La gesta del lago Ilmen
Cómodamente instalado en Rastenburg, mientras sus tropas morían de frío combatiendo a los rusos, por falta de uniformidad adecuada, Hitler leía la documentación contenida en un gran paquete que el general español Agustín Muñoz Grandes, le había remitido.
Era el relato de lo que, para muchos, fue la última gran gesta del ejército español. Si la de los Últimos de Filipinas quedó casi olvidada, esta, fue literalmente enterrada. En los años posteriores a aquello, a nadie interesaba que se supiera que la "Blau Division" había formado parte de la Wehrmacht.
Patrullas rusas dotadas de esquís, raquetas y patines, atacaban frecuentemente y por sorpresa a los puestos de vigilancia y posiciones aisladas españolas a lo largo de la orilla del lago Ilmen. El general Muñoz Grandes, ordenó al teniente José Otero de Arce, la creación de una compañía de esquiadores con la misión de patrullar continuamente los bordes del lago en un frente de ocho kilómetros entre Babky y Spasspiskopez. Estamos en noviembre de 1941.
A principios de 1942, el frente no estaba delimitado cláramente y una unidad del ejército alemán con 543 hombres, al mando del capitán Pröhl, queda cercada en Wswad. El general Busch no dispone de un solo hombre, pero no se resiste a abandonar a aquellos alemanes que se encuentran atrapados, entonces piensa en la División Azul, y otro general, von Chappuis, que se distinguía por ignorar a los españoles, no tuvo más remedio que pedir ayuda a Muñoz Grandes.
La compañía de esquiadores española, recibe la misión de enlazar con las tropas alemanas cercadas, para ello habrá de atravesar en diagonal la helada superficie del lago.
Aún es de noche aquel 10 de enero, forman las tropas, el teniente Otero de Arce da la novedad al capitán José Manuel Ordás Rodríguez, que va a mandar la expedición.
Forman seis Secciones de la Compañía Divisionaria de Esquiadores 250, mandadas por los tenientes Vicente Castañer Enseñat, Antonio García Porta y Jacinto del Val, y los alféreces Germán Bernabéu del Amo, Joaquín García Lario y Alfonso López de Santiago. El personal de la Plana Mayor del teniente José Otero de Arce, jefe de la Compañía, compuesto de un sargento, tres cabos y doce soldados. A estas tropas se habían agregado tres tenientes, un sargento y tres soldados del Grupo de Exploración; los tenientes eran Bernardino Domínguez Díaz, jefe de la unidad, Pedro Sánchez Bejarano, médico, y el intérprete Constantino Alejandrovich, un ruso blanco que había combatido en La Legión durante la pasada guerra española y que había cruzado el Ilmen anteriormente en misiones de enlace, y los también intérpretes Willie Klein y Michael Schumacher, de la Wehrmacht. Otras fuerzas agregadas eran las del Batallón de Depósito 250: Un cabo y once soldados, y las del Grupo de Veterinaria: siete soldados. Más los dos sargentos, los dos cabos y los cinco soldados de la Plana Mayor de la 5.ª Compañía Divisionaria de Antitanques.
Los guías que señalaban la dirección de marcha, Miguel Piernavieja y Marcos García, comprueban que al llegar a la orilla del lago la temperatura es de 56º bajo cero.
Los 30 Km. que, en teoría, les separaban de su objetivo en línea recta, se convierten en un infierno helado.
Se ven obligados a rodear las inmensas grietas surgidas en la superficie helada del lago, además de otro sin fin de obstáculo. La nieve acumulada en los ventisqueros, hace que los caballos que tiraban de los trineos se hundan hasta los corvejones y los hombres hasta el vientre, dificultando la marcha.
En la mañana del día 11, tras 26 horas de caminata, llegan a la orilla del lago, pero descubren que los obstáculos les han desviado hasta Ustrika, 15 Km. al oeste de su destino.
El capitán Ordás informa a Muñoz Grandes: "Después de atravesar seis grandes barreras de hielo, grietas con agua a la cintura, hemos llegado a U... A causa del frío, Radio y brújulas averiadas. Tenemos 102 congelados, de ellos 18 gravísimos. En las simas del Lago hemos perdido algunos trineos"
Muñoz Grandes contesta: "Sé de vuestro esfuerzo durante penosísima marcha que habeis realizado. La guarnición alemana sigue defendiéndose valientemente y hay que socorrerla cueste lo que cueste aunque queden todos los nuestros sobre el hielo. Con los que te queden, con muy pocos, tu solo si es preciso, seguid adelante. O se les salva o se muere con ellos"
En los días sucesivos continúan su avance por la orilla del lago, tras conocer que 3.000 esquiadores siberianos cercan a los alemanes en Wswad. Siguen las penalidades tremendas y apoyados por 40 soldados letones de la 81ª División de Infanteria de la Wehrmacht. Sufren ataques de aviones, enfrentamientos con tropas rusas, incluso a la bayoneta, de tanques...
El 18 de enero de 1942, el cerco a la localidad de Wswad es total. La posición amiga más próxima está a doce kilómetros al Suroeste, y es la aldea de Maloye Utschno guarnecida por veintitrés soldados españoles y diecinueve letones, al mando de los alféreces Joaquín García Lario y Alfonso López de Santiago.
Los soldados Juan Muñoz Cassini y Fernando Martínez Laredo hacían guardia en el confín oriental de Maloye Utschno; en el occidental y metido en un pozo de tirador, vigilaba Julián Martín Fabián; en el meridional estaban el cabo Feliciano Cañedo Águilas y el soldado Manuel Sanchís Sánchez; en la zona septentrional se situaba el cabo Julio Mariño Barrios. El intérprete del destacamento español era el sargento Michael Schumacher. El termómetro ha descendido a 51º bajo cero durante la noche.
A las siete y cuarto de la mañana del 19 de enero se desató la ofensiva soviética contra la aldea y su exigua guarnición.
A las siete y media de la mañana Maloye Utschno ha dejado de existir como posición española.
Desde la guarnición de Pagost Ushin, se escucha el estruendo de la desigual batalla y una Sección al mando del teniente Otero de Arce sale en dirección a Maloye Utschno. Son las diez y media de la mañana y hay 52º grados negativos en el ambiente. La diminuta columna de exploración y rescate la forman ocho españoles seguidos de dos trineos y por detrás un Panzer alemán de 24 toneladas y dos Secciones alemanas de la 81.ª División.
Los esquiadores españoles han de contraatacar con lo que tienen la aldea de Maloye Utschno y socorrer a los compatriotas allí destacados. Los expedicionarios temen lo peor; dudan que alguien haya sobrevivido al ataque.
Los refuerzos alemanes se retrasan, como si no les venciera la prisa que empuja a los españoles que no esperan el reagrupamiento.
—¡Alto!
Unas sombras se mueven hacia los expedicionarios; parecen cuerpos tambaleándose.
—¡Alto! ¿Quién vive?
—¡Españoles! ¡Somos españoles!
Son cinco españoles y un letón; el número de supervivientes del ataque a la posición de Maloye Utschno.
A las 4'45 de la madrugada del 21 de enero, el teniente Otero de Arce, un sargento y cinco soldados, retomaron el camino del lago. A las 5'30 percibieron sonidos, voces, relinchos y crujir de pasos, y el teniente ordenó disparar las bengalas según la secuencia prevista. Al cabo, aunque pareció una eternidad, la secuencia de bengalas obtuvo respuesta, a su resplandor distinguieron los españoles las manchas difusas de una columna en marcha.
Oyen gritos en la oscuridad: "¡Kameraden! ¡Kameraden! ¡Kameraden! " Y relinchos y chirriar de patines.
Las siluetas de los soldados alemanes se perfilan en la plateada oscuridad, son muchos y vienen enfundados en gruesos capotes y blusones de camuflaje; detrás de la vanguardia se deslizan varios trineos.
El teniente Otero de Arce y el capitán Pröhl se estrechan la mano antes de abrazarse.
Los soldados alemanes abrazan a los españoles, que son pocos pero tremendamente animosos y que ahora los preceden, habiendo cumplido por fin la misión, camino de Pagost Ushin.
A pesar de los pocos efectivos que quedaban, el 24 de enero se presentan todos voluntarios para participar en la reconquista de las aldeas Maloye y Bolsloye, que ellos ya habían conquistado anteriormente, a pesar de las súplicas alemanas para que no tomaran parte en esas acciones, volviendo a sufrir más bajas. Cuando entraron en Maloye Utschno, los españoles descubren los cadáveres de algunos de los suyos (el alférez Joaquín García Lario, Juan Muñoz Cassini, Julio Mariño Barrios, el sargento intérprete Schumacher...) El termómetro señala 58º bajo cero; han dejado de funcionar los cerrojos de los fusiles.
Lo cierto es que a ellos Hitler les importaba tres narices; lo cierto es que estaban allí para luchar contra el comunismo de Stalin y lo cierto es que de los 206 soldados españoles, sólo volvieron 12, quedándose los 194 restantes enterrados en el hielo del lago Ilmen.
Por esta actuación la Compañía de Esquiadores recibiría la Medalla Militar colectiva y su jefe, el capitán Ordás, la individual. Los alemanes reconocieron el valor de los esquiadores españoles y les concedieron además 32 cruces de hierro.
Acciones como esta dan pie a creer que fuera cierta la frase atribuída a un general alemán: “Cuando veais a un soldado desaliñado, indisciplinado y sin afeitar, cuadraos. Es un héroe español"
Era el relato de lo que, para muchos, fue la última gran gesta del ejército español. Si la de los Últimos de Filipinas quedó casi olvidada, esta, fue literalmente enterrada. En los años posteriores a aquello, a nadie interesaba que se supiera que la "Blau Division" había formado parte de la Wehrmacht.
Patrullas rusas dotadas de esquís, raquetas y patines, atacaban frecuentemente y por sorpresa a los puestos de vigilancia y posiciones aisladas españolas a lo largo de la orilla del lago Ilmen. El general Muñoz Grandes, ordenó al teniente José Otero de Arce, la creación de una compañía de esquiadores con la misión de patrullar continuamente los bordes del lago en un frente de ocho kilómetros entre Babky y Spasspiskopez. Estamos en noviembre de 1941.
A principios de 1942, el frente no estaba delimitado cláramente y una unidad del ejército alemán con 543 hombres, al mando del capitán Pröhl, queda cercada en Wswad. El general Busch no dispone de un solo hombre, pero no se resiste a abandonar a aquellos alemanes que se encuentran atrapados, entonces piensa en la División Azul, y otro general, von Chappuis, que se distinguía por ignorar a los españoles, no tuvo más remedio que pedir ayuda a Muñoz Grandes.
La compañía de esquiadores española, recibe la misión de enlazar con las tropas alemanas cercadas, para ello habrá de atravesar en diagonal la helada superficie del lago.
Aún es de noche aquel 10 de enero, forman las tropas, el teniente Otero de Arce da la novedad al capitán José Manuel Ordás Rodríguez, que va a mandar la expedición.
Forman seis Secciones de la Compañía Divisionaria de Esquiadores 250, mandadas por los tenientes Vicente Castañer Enseñat, Antonio García Porta y Jacinto del Val, y los alféreces Germán Bernabéu del Amo, Joaquín García Lario y Alfonso López de Santiago. El personal de la Plana Mayor del teniente José Otero de Arce, jefe de la Compañía, compuesto de un sargento, tres cabos y doce soldados. A estas tropas se habían agregado tres tenientes, un sargento y tres soldados del Grupo de Exploración; los tenientes eran Bernardino Domínguez Díaz, jefe de la unidad, Pedro Sánchez Bejarano, médico, y el intérprete Constantino Alejandrovich, un ruso blanco que había combatido en La Legión durante la pasada guerra española y que había cruzado el Ilmen anteriormente en misiones de enlace, y los también intérpretes Willie Klein y Michael Schumacher, de la Wehrmacht. Otras fuerzas agregadas eran las del Batallón de Depósito 250: Un cabo y once soldados, y las del Grupo de Veterinaria: siete soldados. Más los dos sargentos, los dos cabos y los cinco soldados de la Plana Mayor de la 5.ª Compañía Divisionaria de Antitanques.
Los guías que señalaban la dirección de marcha, Miguel Piernavieja y Marcos García, comprueban que al llegar a la orilla del lago la temperatura es de 56º bajo cero.
Los 30 Km. que, en teoría, les separaban de su objetivo en línea recta, se convierten en un infierno helado.
Se ven obligados a rodear las inmensas grietas surgidas en la superficie helada del lago, además de otro sin fin de obstáculo. La nieve acumulada en los ventisqueros, hace que los caballos que tiraban de los trineos se hundan hasta los corvejones y los hombres hasta el vientre, dificultando la marcha.
En la mañana del día 11, tras 26 horas de caminata, llegan a la orilla del lago, pero descubren que los obstáculos les han desviado hasta Ustrika, 15 Km. al oeste de su destino.
El capitán Ordás informa a Muñoz Grandes: "Después de atravesar seis grandes barreras de hielo, grietas con agua a la cintura, hemos llegado a U... A causa del frío, Radio y brújulas averiadas. Tenemos 102 congelados, de ellos 18 gravísimos. En las simas del Lago hemos perdido algunos trineos"
Muñoz Grandes contesta: "Sé de vuestro esfuerzo durante penosísima marcha que habeis realizado. La guarnición alemana sigue defendiéndose valientemente y hay que socorrerla cueste lo que cueste aunque queden todos los nuestros sobre el hielo. Con los que te queden, con muy pocos, tu solo si es preciso, seguid adelante. O se les salva o se muere con ellos"
En los días sucesivos continúan su avance por la orilla del lago, tras conocer que 3.000 esquiadores siberianos cercan a los alemanes en Wswad. Siguen las penalidades tremendas y apoyados por 40 soldados letones de la 81ª División de Infanteria de la Wehrmacht. Sufren ataques de aviones, enfrentamientos con tropas rusas, incluso a la bayoneta, de tanques...
El 18 de enero de 1942, el cerco a la localidad de Wswad es total. La posición amiga más próxima está a doce kilómetros al Suroeste, y es la aldea de Maloye Utschno guarnecida por veintitrés soldados españoles y diecinueve letones, al mando de los alféreces Joaquín García Lario y Alfonso López de Santiago.
Los soldados Juan Muñoz Cassini y Fernando Martínez Laredo hacían guardia en el confín oriental de Maloye Utschno; en el occidental y metido en un pozo de tirador, vigilaba Julián Martín Fabián; en el meridional estaban el cabo Feliciano Cañedo Águilas y el soldado Manuel Sanchís Sánchez; en la zona septentrional se situaba el cabo Julio Mariño Barrios. El intérprete del destacamento español era el sargento Michael Schumacher. El termómetro ha descendido a 51º bajo cero durante la noche.
A las siete y cuarto de la mañana del 19 de enero se desató la ofensiva soviética contra la aldea y su exigua guarnición.
A las siete y media de la mañana Maloye Utschno ha dejado de existir como posición española.
Desde la guarnición de Pagost Ushin, se escucha el estruendo de la desigual batalla y una Sección al mando del teniente Otero de Arce sale en dirección a Maloye Utschno. Son las diez y media de la mañana y hay 52º grados negativos en el ambiente. La diminuta columna de exploración y rescate la forman ocho españoles seguidos de dos trineos y por detrás un Panzer alemán de 24 toneladas y dos Secciones alemanas de la 81.ª División.
Los esquiadores españoles han de contraatacar con lo que tienen la aldea de Maloye Utschno y socorrer a los compatriotas allí destacados. Los expedicionarios temen lo peor; dudan que alguien haya sobrevivido al ataque.
Los refuerzos alemanes se retrasan, como si no les venciera la prisa que empuja a los españoles que no esperan el reagrupamiento.
—¡Alto!
Unas sombras se mueven hacia los expedicionarios; parecen cuerpos tambaleándose.
—¡Alto! ¿Quién vive?
—¡Españoles! ¡Somos españoles!
Son cinco españoles y un letón; el número de supervivientes del ataque a la posición de Maloye Utschno.
A las 4'45 de la madrugada del 21 de enero, el teniente Otero de Arce, un sargento y cinco soldados, retomaron el camino del lago. A las 5'30 percibieron sonidos, voces, relinchos y crujir de pasos, y el teniente ordenó disparar las bengalas según la secuencia prevista. Al cabo, aunque pareció una eternidad, la secuencia de bengalas obtuvo respuesta, a su resplandor distinguieron los españoles las manchas difusas de una columna en marcha.
Oyen gritos en la oscuridad: "¡Kameraden! ¡Kameraden! ¡Kameraden! " Y relinchos y chirriar de patines.
Las siluetas de los soldados alemanes se perfilan en la plateada oscuridad, son muchos y vienen enfundados en gruesos capotes y blusones de camuflaje; detrás de la vanguardia se deslizan varios trineos.
El teniente Otero de Arce y el capitán Pröhl se estrechan la mano antes de abrazarse.
Los soldados alemanes abrazan a los españoles, que son pocos pero tremendamente animosos y que ahora los preceden, habiendo cumplido por fin la misión, camino de Pagost Ushin.
A pesar de los pocos efectivos que quedaban, el 24 de enero se presentan todos voluntarios para participar en la reconquista de las aldeas Maloye y Bolsloye, que ellos ya habían conquistado anteriormente, a pesar de las súplicas alemanas para que no tomaran parte en esas acciones, volviendo a sufrir más bajas. Cuando entraron en Maloye Utschno, los españoles descubren los cadáveres de algunos de los suyos (el alférez Joaquín García Lario, Juan Muñoz Cassini, Julio Mariño Barrios, el sargento intérprete Schumacher...) El termómetro señala 58º bajo cero; han dejado de funcionar los cerrojos de los fusiles.
Lo cierto es que a ellos Hitler les importaba tres narices; lo cierto es que estaban allí para luchar contra el comunismo de Stalin y lo cierto es que de los 206 soldados españoles, sólo volvieron 12, quedándose los 194 restantes enterrados en el hielo del lago Ilmen.
Por esta actuación la Compañía de Esquiadores recibiría la Medalla Militar colectiva y su jefe, el capitán Ordás, la individual. Los alemanes reconocieron el valor de los esquiadores españoles y les concedieron además 32 cruces de hierro.
Acciones como esta dan pie a creer que fuera cierta la frase atribuída a un general alemán: “Cuando veais a un soldado desaliñado, indisciplinado y sin afeitar, cuadraos. Es un héroe español"
viernes, 13 de enero de 2012
domingo, 8 de enero de 2012
Poesía divisionaria

GLORIA, MUERTE…
Sobre tierra hostil de Rusia
pasos españoles recios.
Gloria y Muerte en el camino
Como un matrimonio eterno,
Van jalonando la ruta…
y detrás todo es silencio.
Blanca nieve, tumba blanca
Cruz sencilla, casco fiero
y unas banderas de España
locas de sol y de fuego
las largas noches de Rusia
temblando están los luceros.
¡Hay almas meridionales
guardándolas sin relevo!.
Blanca nieve, tumba blanca
Cruz sencilla, casco fiero…
Por los caminos de Rusia
pasos españoles recios.
Alférez Rodolfo Jimeno
Hoja de Campaña nº 24 (20-04-1942)
Sobre tierra hostil de Rusia
pasos españoles recios.
Gloria y Muerte en el camino
Como un matrimonio eterno,
Van jalonando la ruta…
y detrás todo es silencio.
Blanca nieve, tumba blanca
Cruz sencilla, casco fiero
y unas banderas de España
locas de sol y de fuego
las largas noches de Rusia
temblando están los luceros.
¡Hay almas meridionales
guardándolas sin relevo!.
Blanca nieve, tumba blanca
Cruz sencilla, casco fiero…
Por los caminos de Rusia
pasos españoles recios.
Alférez Rodolfo Jimeno
Hoja de Campaña nº 24 (20-04-1942)
domingo, 1 de enero de 2012
1º de abril: DÍA DE LA VICTORIA
sábado, 31 de diciembre de 2011
José de Moscardó Ituarte
Nació en Madrid en 1878. Militar de Infantería. Finalizados sus estudios, se curtió en las guerras africanas y en 1897 se trasladó a Filipinas, participando en las operaciones que se llevaron a cabo en las posiciones coloniales. Concluidas las mismas, regresó a España.
Con la sublevación de las cabilas del Rif, en Marruecos, acaecida en el año 1909, se traslada allí, participando con su unidad, el Regimiento de Voluntarios del Serrallo, en varios enfrentamientos. En el año 1929 es ascendido a coronel, siendo nombrado director del Colegio de Huérfanos de Toledo. Al inicio de la II República, en abril de 1931, por los decretos de reforma militar de Manuel Azaña Díaz, es degradado a teniente coronel. En las elecciones generales de 1933, con el triunfo de las derechas, la situación de los militares “africanistas” mejora ostensiblemente y José Moscardó es nombrado en 1934, Comandante Militar de Toledo y repuesto, por antigüedad, en el cargo de coronel, que es el que tenía antes de la llegada de Azaña al poder.
En febrero de 1936, tras la mayoría del Frente Popular en las elecciones, le nombran director de la Escuela de Educación Física de Toledo, teniendo como misión prepara al equipo olímpico que tiene que representar a España en las Olimpiadas de Berlín.
En julio de 1936, puesto de acuerdo con los militares que preparaban el alzamiento, y después de negarse a entregar las armas y las municiones a las milicias del Frente Popular -que le habían sido solicitadas por el subsecretario de Guerra, el general Federico de la Cruz Boullosa, y más tarde por el teniente coronel Juan Hernández Sarabia, los generales Sebastián Pozas Perea, José Riquelme y López-Bago, y el ministro de Instrucción Pública, Francisco Barnés Salinas-, el día 21 de julio, a las 7 de la mañana, ordenó a las unidades que estaban bajo su mando que procediesen a declarar el estado de guerra en la plaza, lo que inmediatamente hicieron con las solemnidades del caso. El capitán Vela, al mando del piquete reglamentario, leyó en el patio del Alcázar, a los pies de la estatua de Carlos V, el Bando de guerra firmado por el coronel José Moscardó Ituarte, en su calidad de Comandante Militar de la Plaza.
Ocupada la ciudad por las tropas Nacionales, no pudieron resistir éstas los duros y violentos ataques que, por tierra y por aire, dirigieron contra las mismas los frentepopulistas, por lo que, con unos 1.250 hombres, 500 mujeres y 50 niños, decidió replegarse a la fortaleza del Alcázar, donde tras mil vicisitudes -entre otras, la de rechazar una propuesta de los asediantes, consistente en salvar la vida de su hijo Luis, que se hallaba en poder de los rojos, a cambio de entregarse él y los que le seguían-, consiguió resistir hasta el 28 de septiembre de 1936, fecha en que fue liberado por las tropas mandadas por el general José Enrique Varela Iglesias. Al pisar los libertadores las ruinas inmortales, el defensor de la fortaleza, José Moscardó, dijo escuetamente: “Sin novedad en el Alcázar, mi General”. Un periodista extranjero, al contemplar estos hechos, escribió: “Arrodillémonos ante estos hombres: son la dignidad del mundo. Ellos nos engrandecen con su heroísmo. Por ellos estamos seguros de que el alma humana es todavía capaz de infinita grandeza”.
Al día siguiente de la liberación, llegó Franco, siendo saludado por el Coronel Moscardó con estas palabras: “Mi general, le entrego el Alcázar destruido, pero el honor queda intacto”.
Durante los 70 días de asedio, la fortaleza del Alcázar recibió un alud de fuego y metralla: más de 15.000 proyectiles de artillería, 500 bombas de avión y dos minas, cargadas con 2.500 kg. de trilita cada una, que al hacer explosión, se oyó a 70 km. de Toledo. Decididos los milicianos a terminar de una vez, se proyectó la explosión de las minas, para el 18 de septiembre de 1936, esperando que el resto de la fortaleza se derrumbe, invitando a dicho acto al presidente del Gobierno rojo, Francisco Largo Caballero, a Dolores Ibárruri “La Pasionaria” y a diversos medios de comunicación, encargando al comandante Luis Barceló, afiliado al Partido Comunista y miembro de la UMRA (Unión Militar Republicana Antifascista), que una vez hubiesen estallado las minas, los milicianos rojos tenían que iniciar el asalto al interior del edificio. El asalto fue rechazado por los defensores del Alcázar, arrancando incluso una bandera que los frentepopulista colocaron en lo alto de las ruinas, dando a entender que la posición había sido tomada.
El Frente Popular había anunciado repetidas veces la toma del Alcázar, pero la falsa noticia era desmentida por los hechos.
Durante el sitio creó un diario llamado “El Alcázar”, que se comenzó a publicar en ‘ciclostyl’, un boletín de noticias, y que posteriormente se convertiría en periódico, hasta que se vio obligado a cerrar por el ‘democrático’ comportamiento del PSOE, en la década de los ochenta.
Condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando, fue ascendido a general, encargándose del mando de la División Soria y, después, del Cuerpo de Ejército de Aragón.
En 1941 fue designado por Franco como representante del Ejército en la visita al frente ruso donde combatía la División Azul.
Como capitán general de la IV Región Militar, tuvo que hacer frente, en 1944, a los intentos de resistencia de la guerrilla antifranquista en el Valle de Arán, conocidos como ‘maquis’. El 9 de octubre de 1944, cruzan la frontera francesa unos 12.000 hombres armados, que las tropas de Moscardó los reducen antes del mes de noviembre.
El 6 de abril de 1946 va destinado como teniente general a la Región Militar de Andalucía, hasta el 26 de octubre del mismo año, en que pasa a la situación de reserva.
Ocupó diversos cargos profesionales y políticos, tales como: Jefe de la Casa Militar del Jefe del Estado; capitán general de las regiones militares II y IV; presidente del Comité Olímpico Español; procurador en Cortes; vocal del Consejo Nacional de Educación; consejero del Patronato de Apuestas Mutuas Deportivas; canciller de la Orden Imperial del Yugo y las Flechas; jefe de la milicia y consejero nacional de FET y de las JONS; delegado nacional de Deportes; vocal de la Comisión Nacional de Cooperación con las Naciones Unidas; etc., etc.
En 1948, el Jefe del Estado Francisco Franco le hizo merced del título de conde del Alcázar de Toledo, con grandeza de España
Falleció en Madrid en 1956, a los 78 años de edad.
domingo, 25 de diciembre de 2011
MENSAJE NAVIDEÑO DEL GENERALÍSIMO FRANCO
viernes, 23 de diciembre de 2011
viernes, 16 de diciembre de 2011
FRANCISCO RIVERA "PAQUIRRI", BRINDA POR ESPAÑA
FRANCISCO RIVERA "PAQUIRRI", BRINDA POR ESPAÑA
"Por la unidad de la Patria, por la paz de España, por la que ofrecería a gusto, si fuese necesario, la vida por ella"
Por LFU en Blog "ARRIBA" -http://www.arriba-lfu.com/
25 Septbre. 2009
Mañana sábado hará veinticinco años que un toro de Sayalero y Bandrés de nombre «Avispado» le arrancó trágicamente la vida a un torero poderoso y de raza que ocupa ya un lugar de honor en el escalafón de la historia de nuestra fiesta.
Recuerdo, de pequeño, aquellos carteles tan repetidos de Paquirri, Manzanares y Capea en la feria de Málaga y la imagen que tengo de Francisco Rivera es la de la fortaleza, el dominio y la honestidad.
Recuerdo la consternación que me causó su muerte, no sólo por sus caracteres de tragedia, sino por el dolor que adiviné en mi padre y en mi hermano José Antonio, que tantas tardes le había acompañado por las plazas de toda España y sentía por él una sincera amistad.
Hoy, cuando su vida y su muerte se recuerda por los cuervos rebuscando en el morbo de su intimidad, yo quiero rendirle mi modesto tributo reproduciendo a continuación el artículo que mi padre, José Utrera Molina escribió una tarde de julio de 1978 bajo la emoción de un gesto noble, valiente de todo un torero y un caballero español. LFU
"Brindar por España"
José Utrera Molina (El Alcazar 22 de Julio de 1978)
Creo, y lo proclamo con el dolor que siento, que no puede existir una amargura más lacerante ni una angustia más profunda que la de contemplar, cercana e irreparable, la pérdida de la sagrada unidad de España, la ruptura de su ser nacional, la vergonzosa aniquilación de su integridad, la mutilación próxima de su cuerpo físico y hasta, incluso, el secuestro de su alma metafísica.
Pues bien, el espectáculo bochornoso de esta entrega increíble, la sonoridad culpable de tantos silencios, la falta significativa de palabras de compromiso, tuvo el jueves una notable excepción.
Una excepción que, lejos de ser una anécdota, adquiere valor de verdadera y esencial categoría.Desde la plaza de toros de Barcelona, un torero español, Francisco Rivera «Paquirri», tuvo el coraje, el valor y la gallardía de brindar, ante los micrófonos de radiotelevisión española, y, por lo tanto, ante millones de espectadores, por la unidad de la Patria, por la paz de España y afirmar, a continuación, que él ofrecería a gusto, si fuese necesario, la vida por ella.
Resulta estremecedor este bello gesto, limpio y antirretórico, del diestro de Barbate y contrastan sus palabras, pronunciadas con firmeza, con lentitud y sin cautela, sin timidez, pero también sin orgullo y, sobre todo, sin asomo de flamenquismo, con la jerga desvergonzada, con los términos ambivalentes, con las expresiones equívocas que hoy se alzan en la vida de España con la amenaza de liquidar para siempre cualquier asomo de dignidad y de hombría.
No sé si «Paquirri» habrá dado en la arena una lección de arte taurino. Tal vez sus verónicas no tuvieron el temple de otras veces y sus manos no estuvieron bajas y seguras del todo, posiblemente ese natural de frente, abierto al compás, no haya estado engarzado esta vez con un pase de pecho largo, profundo y definitivo, quizás no cuadrara del todo, ante la arisca y descompuesta cabeza del toro, a la hora de clavar sus reiletes, pero lo que nadie puede negar es que, desde el centro del ruedo de España, un torero andaluz, que no es de derechas ni de izquierdas, sino, simplemente, español, escribió una lección de valor y de patriotismo espléndida y bella, una lección de dignidad, que contrasta con tantos envilecimientos, una lección de valor a los que tienen ya, incluso, miedo a la esperanza.
Decía Ortega y Gasset que sólo dos cosas pueden realizarse con garbo: la historia y el toreo. La historia hoy se hace sin gloria, con mediocridad y con miedo y, tal vez, un torero, en Barcelona, haya hecho, con garbo, la historia que otros están manchando sin compostura y sin honor.
JOSÉ UTRERA MOLINA(«El Alcázar», 22 de julio de 1978).
jueves, 8 de diciembre de 2011
Blas Piñar profetizó que con la Constitución viene la destrucción de España
Recogemos las razones que uno de los grandes políticos de España como fue y es don Blas Piñar, daba para votar NO a la Constitución Española el año 1978, cuyas razones han sido proféticas. Muchas de ellas ya cumplidas, otras superadas y otras en proceso de cumplirse.
Yo personalmente y los hombre y las mujeres de Fuerza Nueva, mayores de 21 años e inscritos en el censo electoral, votaremos que no en el próximo referéndum. La abstención pese a los argumentos esgrimidos nos parece una postura poco gallarda y demasiado habilidosa, pues trata de sumar al bando marxista, no solo las inhibiciones queridas, sino también las de los perezosos, enfermos, ausentes y cobardes.
Votaremos que no por razones sustantivas y razones procesales.
Por razones sustantivas. Votaremos que no, porque la vida de forma política no modifica la constitución sino presupuestos esenciales de la misma.
Votaremos que no, porque aplicado el procedimiento del oratorio de las leyes fundamentales al principio 8, mañana podrá someterse a referéndum. El principio 7 y por consiguiente la alternativa: monarquía o república. El principio 4 y por consiguiente la Unidad de España. El principio 5 y por consiguiente el divorcio.
Porque la ley a de ser expresión clara de categorías permanentes de razón y no de arbitrarias decisiones de voluntad, como dijo José Antonio simplificando bellamente el pensamiento cristiano y el pensamiento tradicionalista.
Votaremos no, porque no queremos la sustitución del Estado Nacional, en el que España ha vivido en paz y en progreso que tiene, por el estado liberal origen de todas sus desgracias y acusar al comunismo.
Votaremos que no, porque queremos no destruir sino consolidar y perfeccionar la obra de Francisco Franco.
Votaremos que no, porque mantenemos y defendemos sin fisuras los ideales de la Cruzada, y no queremos hacer estéril, ni pisotear la sangre vertida en su defensa por centenares de miles de españoles en la trinchera o en el martirio. Porque nos repugna la entrega de la tarea legislativa a los partidos políticos confiscándola a las estructuras básicas de la comunidad y especialmente a los sindicatos.
Votaremos que no, por razones afectivas o procesales.
Votaremos que no, porque se ha ideado y puesto en marcha en las Cortes un procedimiento de urgencia impropio de una reforma política, cualquiera que sea, que exige tiempo y sosiego.
Votaremos que no, porque si el sufragio a de ser secreto y exento de coacción y de represalias, no se entiende porque se ha asistido a la votación nominal a los representantes del pueblo, en la asamblea legislativa.
Votaremos que no, porque la propaganda oficial en vez de respetar a la hora de pedir el voto apremia para que este sea en sentido afirmativo, confundiendo e identificando los intereses de la Nación, con los intereses del Gobierno.
Votaremos que no, porque en definitiva el referéndum para nosotros es nulo de pleno derecho, el artículo 65 vigente de la Ley Orgánica del Estado establece que el Rey ha de enviar el proyecto elaborado por las Cortes al Consejo Nacional para que este emita juicio acerca de eventuales razones de contra Fuero.
Votaremos que no, en definitiva, porque votando no, vamos a decir sí a la justicia, a la libertad, al progreso, a la paz y a España.
Vamos a votar que no, y como el secreto del sufragio es un derecho que se puede utilizar o no, yo votaré con la papeleta con el NO bien abierto para que haya una constancia pública e inalterable de mi voto.
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